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Zaragoza, 21/2/2002

El artículo del día

BOTELLON

ANTONIO Aramayona

  • El alcohol es un negocio suculento del que también obtiene pingües beneficios el Estado, organizador ahora del congreso 'Jóvenes, noche y alcohol', que pretende atajar el fenómeno
Ahora toca botellón. Agotados al parecer Afganistán, el ántrax, las vacas locas, Operación Triunfo o el cura gay onubense, toca ahora botellón. Con la asistencia de la Reina Sofía, el PP, con su ministro Rajoy a la cabeza, inauguró la semana pasada el congreso Jóvenes, noche y alcohol , con el propósito de atajar el fenómeno de los grupos de jóvenes que beben desaforadamente en la calle, y anunció medidas sancionadoras a consumidores y expendedores. O sea, ahora toca botellón.

Sin negar su importancia, el problema, desgraciadamente, viene de muy lejos. Jóvenes y mayores han venido consumiendo habitualmente alcohol sin apenas despertar alarma social, aunque España es uno de los países con mayor número de consumidores y alcohólicos del mundo. La ingesta de alcohol causa 12.000 muertas directas al año, y casi el 20% de la población entre los 15 y los 65 años se ha emborrachado como mínimo una vez en los últimos 13 meses. Es decir, se trata de un problema secular, enquistado en todos los estratos sociales. Pero ahora ha sonado la campana institucional y una multitud de políticos se ha subido al carro de las denuncias y los lamentos: ahora toca botellón.

Seguramente menudearán en los próximos días las campañas publicitarias, las multas a bares, tiendas y gasolineras, las rondas policiales por calles y plazas. Incluso la ministra del Castillo pretende poner una asignatura específica en la ESO para concienciar a los jóvenes de las negativas secuelas de la bebida. (Fenómeno curioso y reiterativo éste: cada vez que hay un problema, se mira a la escuela para que cargue con el mochuelo de solventarlo). Sin embargo, no hay que ser un lince para vaticinar que esas medidas, por sí solas, van a conseguir muy pocos efectos positivos.

Asombra, en cambio, que tanto responsable y tanto ministro no se pregunten (ésta y no otra es la madre de todas las preguntas) por qué y para qué acuden todos esos jóvenes al botellón. La juventud, no sólo la actual, sino la de las sucesivas generaciones que han debido bracear en el océano de la vida a lo largo y ancho de la historia y del planeta, necesita pasarlo bien, tener de vez en cuando algo excitante, emocionante, diferente. Algunos quizá lo encontrarán en otras actividades y lugares, pero otros muchos parecen hallar mucho más divertido el botellón, cosa lamentable, pero que debería llevar a preguntarnos qué tienen realmente esos jóvenes como alternativa y horizonte.

El programa radiofónico deportivo de mayor audiencia bombardea hasta el hastío cada fin de semana con dos productos estrella: tabaco y alcohol, sin que ningún responsable político o sanitario haya puesto el menor reparo. Nuestros supermercados ofrecen cuantas marcas de bebidas alcohólicas deseemos comprar. El alcohol es un negocio suculento, del que también obtiene pingües beneficios el Estado, organizador ahora del congreso Jóvenes, noche y alcohol . No hay calle sin bares. No hay ciudad sin zonas , donde su principal y único objetivo es que la gente, principalmente joven, beba cuanto pueda pagar. Sin embargo, alguien concede los permisos y licencias, alguien fomenta, por acción u omisión, estos lugares de consumo deasaforado de alcohol.

Vivimos en una sociedad en perpetuo hartazgo de casi todo, en continua creación de nuevas y a menudo ficticias necesidades de bienes de consumo. Vales lo que tienes. Eres lo que compras. Hoy muchos chavales apenas pueden andar con tanto peso de relojes, móviles, ropa, playstations, discos, zapatillas de marca, ordenadores, sortijas, motos y dinero. Tienen de todo. Sin embargo, llega el fin de semana y muchos de ellos se aferran al botellón como si se tratase de la última tabla de salvación en un naufragio. ¿Acaso se sienten realmente náufragos en su propia identidad, en un mundo sin alicientes reales y tangibles, donde las cosas adquieren más relevancia que la propia persona?

Quizá el botellón desaparecería ante metas realmente apasionantes, ante una razón de vivir que exigiera las mejores energías. La juventud se aliena con el botellón en medio de una sociedad fofa, repleta de abalorios. Buena parte de los adultos bosteza tanto o más que los jóvenes del botellón, y sería saludable preguntarnos qué tenemos que ofrecerles como alternativa. Ofrézcase a alguien, también a un joven, algo que realmente merezca la pena y estará dispuesto a dejar su piel y comprometer sus mejores energías en el empeño. En todo caso, señor Rajoy, señora Castillo, no son precisamente los jóvenes los que han creado el páramo donde todos sobrevivimos.

*Profesor de Filosofía

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