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Barcelona, 19/02/2002

Barcelona sólo instala señales para bajar el ruido junto a los hospitales

FELIP VIVANCO
La irregular campaña municipal contra el ruido transita a menudo por el camino del desconcierto. El Ayuntamiento de Barcelona pretende a partir de hoy tranquilizar cinco áreas sanitarias con altos niveles de contaminación acústica prohibiendo el uso de sirenas en un radio de cien metros de los hospitales de la Esperança, del Mar, Creu Roja, Sant Pau y Clínic.

Sin embargo, los medios no están a la altura del objetivo ya que no es precisamente una fórmula novedosa, sino una actualización de las señales en las que se advierte de la presencia de un hospital. El clásico aviso de "silencio, hospital" -que en el área del Clínic era toda una ironía- se reconvierte en otra que reza "zona sensible". Nada nuevo.

Las placas obligan a los conductores de ambulancias, bomberos, policías y otros servicios de emergencia a apagar las señales acústicas. En principio existe un acuerdo con los principales servicios de ambulancias para que se respeten las nuevas señales, pero también es cierto que en los últimos meses ya existía la orden de apagar la sirena a los cien metros de llegar al Clínic, por ejemplo, y los vecinos han seguido quejándose de las continuas agresiones acústicas que sufren junto a este hospital, especialmente de noche.

Tampoco parece que la posible sanción por no apagar la sirena constituya una razón de peso para cumplir la nueva norma. Si se incumple, el conductor será multado con unos 60 euros una cifra casi irrisoria.Con la puesta en marcha oficial de este sistema -presentada en una confusa rueda de prensa ofrecida por la Guardia Urbana-, el Ayuntamiento deja pasar la oportunidad de aplicar sistemas más efectivos para el control acústico de zonas hospitalarias, como el de instalar un dispositivo que apaga la sirena automáticamente llegado un punto concreto. "Es un sistema que no está lo suficientemente desarrollado", se excusaron ayer en el área municipal de Medi Ambient, que dirige la teniente de alcalde Imma Mayol, donde confían en la labor de los conductores de ambulancias para que áreas que rebasan sin esfuerzo los 75 decibelios y llegan a los 90 no superen los 60.

Colaboración ciudadana
El intendente jefe de la Guardia Urbana, Lluís Jiménez, apuntó que parte de la responsabilidad de crear una "isla acústica" en torno a los hospitales dependerá "del resto de los conductores, que tienen que dejar pasar a los servicios de emergencia aunque sólo lleven las luces puestas". La creación de carriles especiales, así como una reducción del límite de velocidad en estas áreas sensibles, propuestas desde hace años por los vecinos afectados, no se tienen en cuenta.

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