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Más sobre la sentencia contra el botellón de Sevilla
Sevilla, 21/01/2002

Sevilla pone control a la "botellona"

  • El consumo callejero de alcohol las noches del jueves al sábado convierte las aceras en urinarios
  • El Ayuntamiento limita por primera vez el ruido que cientos de jóvenes hacen en la calle los fines de semana
    JOSÉ BEJARANO
    Para empezar no ha estado mal, ahora sólo falta que se mantenga todos los fines de semana. Los controles de la movida nocturna desplegados en Sevilla han logrado reducir algo el ruido en las zonas de la "botellona". Numerosos efectivos policiales patrullaron las noches del viernes y del sábado por los barrios de la Alfalfa, la Buhaira y la plaza del Cristo de Burgos para impedir la presencia de coches con la música a todo volumen, y se cerraron establecimientos de venta de alcohol fuera de hora.

    El Ayuntamiento cumple así una sentencia del Tribunal Superior de Justicia de Andalucía que le ordena combatir las molestias de las concentraciones nocturnas de jóvenes. La sentencia no ordena al Ayuntamiento sevillano qué debe hacer para que el derecho de los jóvenes a la diversión no prevalezca sobre el derecho al descanso de los vecinos, pero sugiere que la policía impongadenuncias e incomode con medidas que disuadan "sin descanso" los comportamientos incívicos. Los vecinos temen que el "incordio" de la policía dure el tiempo que se mantenga viva la polémica por el fallo. El delegado de Seguridad Ciudadana, José Gallardo, se ha reunido con los afectados y ha recogido sus quejas: desde quien tiene que salir de casa las mañanas de los sábados y los domingos chapoteando en excrementos hasta quien está en tratamiento psiquiátrico, con los nervios desquiciados, por no poder dormir y tener que aguantar insultos y amenazas. Los vecinos, pues, están satisfechos a medias. El mejor resultado ha sido que los coches no han sido discotecas ambulantes. La zona más céntrica de Sevilla, la Alfalfa, fue cerrada a partir de las nueve de la noche a todos los conductores que no pudieran demostrar que eran residentes. Tres patrulleros de la policía local situados en lugares estratégicos fueron suficientes para impedir el acceso. El viernes por la noche, un único vehículo tenía el capó abierto en la plaza de la Pescadería expandiendo música máquina desde su interior. Duró poco. Cuatro agentes de paisano se acercaron a los jóvenes y les recomendaron que bajaran la música si no querían tener problemas. No se hizo el silencio porque era imposible en una plaza ocupada por varios cientos de chavales, pero los vecinos agradecieron al menos no tener que soportar, como cada fin de semana, la música emitida por diez o quince coches aparcados debajo de sus balcones.

    Los vecinos se preguntan por qué ha tenido que esperar a un fallo judicial para aplicar estas medidas. El presidente del colectivo La Alfalfa, Carlos Ortega, asegura que debe soportar que su calle sea un urinario todas las noches de jueves a sábado. Quien puede, cambia los dormitorios a las habitaciones más alejadas de la calle. La limitación de acceso para vehículos al centro ha sido efectiva, indica Ortega, pero el ruido sigue siendo muy alto, y eso no se evitará mientras se permita beber alcohol en la calle.

    Los jóvenes rechazan la posibilidad de prohibirlo argumentando el excesivo precio de las copas en los establecimientos cerrados. Con lo que les cuesta un cubalibre compran dos botellas. Niegan que les guste estar en la calle para molestar, entre otras cosas porque a las tres de la madrugada hace un frío que pela. La falta de música impuesta este fin de semana les afecta. De hecho, en la Alfalfa se notó menos aglomeración. Hay quienes sin coche no van a ningún sitio.

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