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Granada, 17/12/2002

4.000 jóvenes de 13 a 20 años van de botellón y el 75% lo hace para beber con los amigos

La encuesta Voy de buen rollo , encargada por el Ayuntamiento, señala que 4 de cada 10 botelloneros orina «siempre o casi siempre» en la calle. La mitad de los que acuden a estas reuniones callejeras sostiene que los vecinos exageran cuando les acusan de hacer demasiado ruido.

JUAN ENRIQUE GÓMEZ

SUS OPINIONES

Derecho a divertirse: El 48% creen que tienen derecho a divertirse aunque con ello molesten a otras personas.

Dinero: El botellón no dejaría de existir si los chicos tuviesen más dinero. Más de la mitad dicen que la falta de dinero no es causa de las concentraciones.

Amistades: El 75% de los jóvenes encuestados dice que en los botellones se hacen nuevas amistades.

Alternativas: No llegan a la mitad (40,6%) los chavales que creen que van de botellón porque no hay una actividad alternativa que les guste, aunque coinciden en señalar que debería haber más actividades y que se contase con ellos para organizarlas.

Proximidad: El hecho de que el botellón se organice cerca de casa es un aliciente para muchos. De hecho cada vez hay menos gente de barrios periféricos.

Mala imagen: No están contentos con el tratamiento que reciben en los medios de comunicación. Más de la mitad de los asiduos al botellón creen que las noticias se seleccionan para hacerles parecer peores de lo que son.

Los deberes: Casi el 75% de los chicos y chicas no utilizan nunca, o casi nunca, el fin de semana para preparar las tareas escolares que tienen que hacer en casa.

Influencia: El comportamiento de sus padres en casa en relación con el alcohol no les afecta, ya que el 70% declaran que sus padres no beben en casa. Sus amigos sí les influyen.

Casi nadie quiere que se prohíba el alcohol

Beber en la calle no es nada delictivo. Los jóvenes consideran que la prohibición llevaría a mayores problemas. Los datos de la encuesta señalan que el 87% de los chicos y chicas, asiduos o no del botellón , creen que serían minoritarios aquellos que dijeran que se debe prohibir el consumo de alcohol en la calle. Tanto fuera como dentro de las concentraciones, el alcohol es algo que cada uno debe usar como quiera, sin imposiciones a favor o en contra.

Esta idea está directamente relacionada con la necesidad de que los agentes policiales pudiesen reprimir los comportamientos callejeros.

La mayoría considera que no todos los asistentes a un botellón muestran actitudes incívicas. El 78% cree que la Policía nunca debería castigar a la gente por concentrarse, ya que no implica dejar basura, orinarse en las esquinas, provocar peleas o incluso conducir bajo los efectos del alcohol. La presencia policial no es negativa.

Un 10% de los asiduos al botellón no elude nunca las peleas

Uno de los problemas estudiados en el fenómeno del botellón es la generación de situaciones de violencia. La realidad es que los asiduos de la movida mantienen una actitud pacífica y acudir a la concentraciones no es meterse en situaciones difíciles, pero las encuestas han dado resultados muy significativos, ya que diez de cada 100 chicos y chicas habituales de la movida aseguran que no eluden nunca una pelea. Un porcentaje considerado muy alto, aunque el 52,9% de ellos asegura que siempre procuran evitarlas. Esta cifra sube considerablemente cuando se pregunta a chavales que no suelen asistir al botellón . De ellos el 71% siempre procura evitarlas.

Esto no quiere decir que sean muchas las situaciones de agresión que se producen en las concentraciones de movida , pero está claro que llegado el caso, muchos de ellos no eludirán formar parte de la gresca. En la totalidad de jóvenes, de botellón o no, el 5% no evita las peleas.

A pesar de que a los jóvenes no les gusta declarar que acuden a los botellones , alrededor de 4.000 chavales con edades comprendidas entre 13 y 20 años, dicen que acuden a las concentraciones la mayoría de los fines de semana. Los motivos son muy simples, sus amigos también lo hacen y allí tienen más posibilidades de relacionarse entre ellos y hacer nuevas amistades.

Son parte de las conclusiones a las que se llega tras el estudio de una encuesta que bajo la denominación de Voy de buen rollo había encargado el Área de Juventud del Ayuntamiento de Granada y que ya ha sido concluida por parte de un equipo de psicólogos dirigido por el profesor de la Facultad de Psicología de la Universidad, Carlos Víctor.

Según el estudio, que era presentado ayer por el concejal de Juventud, Reynaldo Fernández, los jóvenes granadinos no son tan malos como los pintan. No todos creen que los vecinos exageran cuando dicen que les molestan los ruidos y la suciedad. Tampoco todos ellos acuden a los botellones para pillar una gran borrachera, ni tampoco todos se meten en peleas. La mayoría lo hace sin un motivo concreto y los expertos reconocen que, del medio centenar de variables puestas a su evaluación, no han podido encontrar coincidencias para delimitar unas causas concretas que avalen el crecimiento del fenómeno del botellón .

La encuesta ha sido realizada sobre una muestra de 2.717 jóvenes, de los que 1.401 eran chicas y 1.316 chicos, procedentes de 39 centros escolares, de educación secundaria, ya que se pretendía conocer las opiniones de los más pequeños, puesto que son los que, durante más tiempo, mantendrán o no la costumbre del botellón . También porque se sabe que los mayores de 20 años, en su mayoría, sí acuden a las concentraciones, aunque hace uso de otras fórmulas para la diversión y el contacto entre ellos.

Ruidos y suciedad

Casi la mitad de los jóvenes que acuden a las concentraciones piensan que los vecinos exageran cuando dicen que hay demasiado ruido. Sólo una mínima parte, 17 de cada 100, creen que es cierto, que forma parte del problema y que realmente molestan. Las cosas cambian cuando se trata de jóvenes que no van habitualmente al botellón , ya que el 35% de ellos piensa que sí es cierto que molestan. Esto muestra un alto grado de subjetividad y de egoísmo, ya que los habituales consideran que los vecinos exageran porque ello puede ir en contra de sus gustos y deseos.

La suciedad, en cambio, si supone un problema reconocido por los jóvenes. El 38,8% de los habituales de la movida reconocen que los vecinos no exageran, aunque en este caso también funciona el egoísmo, ya que los que no van normalmente a las concentraciones ven mucho más claro el problema de la basura (59,9%).

Las papeleras son los elementos más olvidados de los que se encuentran en las áreas de concentración juvenil. Un tercio de los chavales admite que es raro usarlas. En cambio, entre los que no van de botellón , el civismo en estos temas es mucho más alto, ya que el 43,3% afirma que es normal usar las papeleras.

En cuanto a las necesidades orgánicas , el 34% de los botelloneros encuestados afirma que nunca orina en la calle, aunque no tenga un servicio cerca, pero casi el 40% reconoce, por el contrario, que lo hace «siempre o casi siempre».

Noches de alcohol

El incremento del consumo de alcohol en jóvenes es uno de los temas que más preocupan a padres e instituciones implicadas en temas juveniles y de prevención de las drogodependencias. Uno de los objetivos de la encuesta de la Concejalía de Juventud era saber la importancia del alcohol en el botellón . Las respuestas demuestran que es muy importante el deseo de beber en los chicos y chicas de este tipo de movida , pero no todos acuden a las concentraciones para emborracharse.

El 75% de los jóvenes dice que consumir alcohol es uno de los motivos principales para ir de botellón , mientras que sólo el 24,9% contesta que la razón fundamental no es el consumo de alcohol.

En esta línea entra la falta de dinero de los jóvenes como causa para el incremento de las concentraciones. Al no tener dinero no pueden acudir a los establecimientos de ocio donde las copas son caras. Prefieren la calle porque juntando el dinero les da para más. Esta afirmación, que ha sido realizada en numerosas ocasiones como causa fundamental del fenómeno, no responde a la verdad. Los jóvenes tienen dinero para ir al bar de copas. De hecho disponen de una media de 12 euros para irse de copas, lo que consideran una cantidad suficiente. El dinero de los jóvenes varía en función de las edades: a más mayores más dinero. Un 40% de ellos dispone de cantidades entre 6 y 12 euros: el 13% tiene más dinero, entre 18 y 24 euros. Los que disponen de más de 30 euros solo son el 2,6%.

Todos ellos consideran que es satisfactorio, sobre todo los que menos tienen. Es curioso comprobar que los que disponen de más efectivo son los que creen que tienen poco. Un grupo de diez personas con 12 euros por persona, consigue reunir 120 euros para copas, que en un supermercado o tienda de chuches da para varias botellas de licor y algunas de refresco.

Salidas tardías

En este tipo de movida se ha constatado que la hora de salir a la calle es cada vez más tardía y que se incrementa el tiempo de permanencia en ella. La mayoría de los chicos sale de viernes a domingo y lo hace alrededor de las 10 de la noche, y pasa en la calle una media de 20 horas por fin de semana. Se ha constatado que los que asisten al botellón siempre salen una hora más tarde y que el tiempo de permanencia en las concentraciones suele ser de cuatro horas y media.

La vuelta a casa entre los que sí van de movida suele estar entre las 02,00 y las 03,00 horas, mientras que los que no van de botellón es normal que vuelvan a sus casas a las doce la noche. cuanto más tiempo permanecen en la calle, más posibilidades tienen de acabar de botellón y, entonces, saltar al segundo horario de vuelta a sus casas, porque la calle es el lugar preferido para reunirse. Tanto que el 54% de los consultados prefiere hacerlo así a concentrarse en la casa de alguien. Hay que tener en cuenta que el 93% de los encuestados, al tratarse de chavales entre 13 y 20 años, viven en la casa de sus padres, por lo que no es el lugar idóneo para estar con sus amigos. Sólo el 15% de los chicos y chicas encuestados afirma que les gusta reunirse en casa.

Trato a los ancianos

Estar en la calle, ir de botellón y beber no significa que los chavales sean unos maleducados en el sentido tradicional de la expresión. El 94% de los encuestados considera que hay que tratar bien a las personas de mayor edad. Sólo el resto piensa que da lo mismo tratarles con educación o de malas maneras. Esta respuesta contrasta con la opinión muy generalizada de que las actividades del botellón no suponen una molestia para sus conciudadanos.

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