Murcia, 25/4/2002 Para leer sin motosJAVIER MARÍN CEBALLOSEra otra vez 23 de abril, fecha histórica en la que se conmemora simultáneamente la muerte en 1616 de dos de los grandes escritores de todos los tiempos: Miguel de Cervantes y William Shakespeare.En realidad Cervantes murió 10 días antes que Shakespeare, pero, afortunadamente para el efecto esférico de las efemérides, en la misma fecha, ya que por ajustes de calendario –gracias a este enorme poderío, hoy perdido, de suprimir los días como quien anula una cita con el peluquero–, el Papa Gregorio XIII suprimió diez días del mes de octubre de 1582. Y como en 1616 en España estaba vigente el calendario gregoriano y en Inglaterra el juliano, Cervantes y Shakespeare murieron, con diez días de diferencia, pero en la misma fecha oficial. Era, como digo, 23 de abril, la fecha que, ante tal cúmulo de circunstancias favorables, la UNESCO no había tenido más remedio que declarar Día Mundial del Libro. Qué mejor homenaje que comprar un libro y ponerse a leerlo. El libro, una vez que se ha aprendido a leer, tiene un mecanismo pasmosamente elemental: consiste en ponerse, y ya está. No requiere enchufes, ni pilas, ni dispositivos, ni instrucciones, ni largos preparativos. Sólo ponerse. Sentado, de pie, acostado, de rodillas, con chaqué o en bañador: ponerse. Se necesita únicamente un poco de silencio. Pero ahí empiezan los problemas. Mi calle, Alonso de Ojeda, como otras muchas, es aprovechada, sobretodo por la tarde y la noche, para la circulación desorejada de una selección de las motos más ruidosas, seguramente, del mundo; al ser España el segundo país más ruidoso de la tierra. Ayer fue el Día Internacional Contra el Ruido y anteayer el Día Mundial del Libro. Creo que el orden está equivocado y que antes del día del libro habría que convocar el Día Antirruido, porque ahora, en primavera, con las ventanas abiertas, hace un ruido que no se puede ni leer. Quizás sean demasiado grandes los temas que nos manda la UNESCO y resulten muy poco abarcables desde las reducidas perspectivas políticas locales. No deberíamos pedirles peras al olmo. A lo mejor podríamos tener un sencillo, simple y discreto Día Murciano para Leer Sin Ruido de Motos. Sin más pretensiones que leer un ratico, en silencio, aunque sea una vez al año. Todos los sondeos sociológicos colocan el ruido de los ciclomotores como uno de los más agresivos en el entorno urbano, y el más repudiado por los, debo decirlo, votantes. Es posible que este rechazo venga avalado por lo inútil de este ruido y por ser fácilmente evitable. En realidad debería ser como la lectura, sólo ponerse. Pero la dejación de los ayuntamientos sobre este asunto es proverbial e incomprensible y la impunidad con que las motos ruidosas circulan, es una auténtica vergüenza. Tanto como el bajo nivel de lectura. Podríamos empezar por las motos, a ver que pasa. Sólo es ponerse.
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