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Granada, 19/04/2002

Tribuna abierta

El 'botellón'

Rafael Caballero Bonald

EL botellón es un fenómeno actual; durante muchos años fueron desconocidas esas manifestaciones multitudinarias de jóvenes que perturban la paz social en plazas y calles de las ciudades. La palabra como es fácil deducir es aumentativo de botella y traduce el recipiente generalmente de vidrio o plástico; alto, cilíndrico y con cuello. La litrona también utiliza en esas concentraciones nocturnas, es la «botella de cerveza de un litro», según el Diccionario de María Moliner, si bien esta voz tan extendida en el lenguaje coloquial, no aparece recogida en el Diccionario de la Academia Española hasta su última edición.

Hay que dejar ya escritas dos palabras fundamentales intimamente relacionadas con el botellón: educación y responsabilidad. Educar es preparar la inteligencia y el carácter de los menores para que vivan en sociedad, desarrollando o perfeccionando las facultades intelectuales y morales del niño y del joven por medio de preceptos, ejercicios, ejemplos... Esa tarea educativa deber ser contunada para conseguir la necesario eficacia, en caso contrario las normas restrictivas, como ha ocurrido en varias Comunidades autónomas, no han consguido el efecto deseado, porque iniciaron un camino para encauzar el botellón, sin precibir avances sensibles. Entiendo es difícil coartar esas personales decisiones de una juventud deseosa de expansión, que a veces no sigue un acertado camino.

En reciente entrevista el alcalde de Granada, ha señalado cómo esta cuestión entraña un problema multidisciplinario, con facetas educativas, de prevención sanitaria y de orden público. El botellón aparece aliado co la droga y con el ruido; es un movimiento cumpulsivo que lleva el consumo en ocasiones incontrolado del alcohol con la consiguiente alteración del orden hasta altas horas de la madrugada, rompiendo la tranquilidad ciudadana.

¿Qué lleva a elegir esa forma peculiar de entretenimiento? Porque esta palabra significa «cosa con la que se pasa agradablemente el tiempo; recreando el ánimo», y resulta que ese tipo de diversión carece de unas normales coordenadas para entender han transcurrido felices horas de auténtico gozo.

En esas aglomeraciones se olvida a la persona que descansa en lugares próximos. Se deja de tener presente al otro que no está inserto en esa equivocada diversión. España es un país especialmente estentóreo solo superado en el mundo por Japón. En esas noches de botellón brota el griterío, estableciéndose un pugilato de elevadas voces. Los vecinos piden el derecho al merecido sosiego. El alcohol ingerido, aliado a veces con otras sustancias origina discusiones de elevado tono que incluso se traducen en riñas cruentas. El pisoteado en su silencio, si protesta es contestado groseramente; quien no sepa respetar a los demás, olvidando un elemental principio de solidaridad, merece ser sancionado. He leído que en Sevilla el ya fallecido torero Antonio Ordóñez, que vivía en los aledaños de una zona de movida, tenía que irse a dormir cada dos por tres a un hotel porque no soportaba ni el ruido ni el mal olor. Es penosa la situación de los que viven en esas plazas y calles.

Cuando por la mañana queden solitarios esos lugares y vuelva la calma, vecinos y barrenderos tendrán que limpiar las basuras amontonadas: litronas, plásticos, colillas de variado origen y contenido, soportando olores nauseabundos. En el Plan Nacional contra la Droga se indica que estadísticamente un 56 % de los chavales entre 14 y 16 años vuelven de estas bacanales después de las dos de la madrugada y un 18% después de las cuatro. ¿De dónde proviene este peculiar fenómeno, desconocido en otros tiempos? Exitirá en ocasiones un ambiente familiar negativo que no oriente a posibles soluciones ni encauce tales anómalas reacciones. Repito: al lado de la educación que deben recibir los que acuden a esas falsas diversiones, hay que comprender que el respeto a los demás y a sí mismo, conlleva vivir con un claro sentido de la responsabilidad. Porque lo que a primera vista puede aparecer como placentero ni forman por decreto de la noche a la mañana, pero sí cuando la labor se desarrolla día a día, ya en la familia, y en los centros docentes, ya por decisiones administrativas, ofreciendo provechosas alternativas que redundarán en beneficio de toda la colectividad.

En Granada más del 69% de la población entiende que el botellón es un problema conflictivo. Hay que establecer medidas alternativas, porque no es válida esa falsa cultura de la noche. El remedio es difícil, requiere imaginación y valentía. Soluciones de un ocio productivo. En algún lugar de Andalucía ha aparecido un lema relacionado con la campaña «Semanal» una joven estudiante a la pregunta: «¿Cómo justifica ante sus padres las borracheras?, contesta: «Normalmente una o dos horas antes de irme a casa dejo de beber. Si llego piripi digo que he comido una pizza y me ha sentado mal. Y me voy a la cama». ¡Vaya solución!

El buen tiempo favorecerá la presencia de las referidas reuniones juveniles; muchos añorarán las lluvias que servían para ahuyentar esos desmanes ue alteraban la tranquilidad nocturna. No eran razones crematísticas por las ventajas del agua caida en beneficio de olivos y otros productos del campo; todo consistía en un lógico deseo de conservar la merecida y justa calma callejera. Ni más ni menos.

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