Málaga, 15/04/2002 Ruidos entre el cielo y la tierraLos vecinos del carril de San Isidro soportan a diario la contaminación acústica del aeropuerto y la carreteraENRIQUE MIRANDAUNO se puede acostumbrar a vivir con el ruido. Pero cuesta trabajo. Si no que se lo pregunten a las familias que viven en el carril de San Isidro, una pequeña barriada ubicada entre Málaga y Churriana. Sus casas están situadas justo detrás del aeropuerto, y la única acera de sus calles es una carretera por la que suelen circular camiones de gran tonelaje.En los alrededores del Carril de San Isidro sólo hay monte, animales de granja y algunas casas. Un paisaje tranquilo. Pero una tranquilidad que dura poco. Exactamente el tiempo que hay entre las salidas y llegadas de aviones al aeropuerto de Málaga. Aproximadamente cada 10 ó 15 minutos un enorme estruendo se escucha en toda la barriada, y los vecinos miran al cielo. Otro avión que aterriza. Tejados rotosEste hecho puede parecer algo anecdótico, pero cuando ocurre todos los días del año, a todas horas del día, llega a ser bastante incómodo. «Nos hemos llegado a acostumbrar al ruido, aunque eso no significa que no moleste», asegura Antonio Martín, un vecino cuya casa está justo debajo de la línea de despegue de los aviones. «Los aviones pasan cada cinco minutos, pero los que llevamos aquí mucho tiempo ya tenemos el oído hecho», comenta Antonio, algo resignado. El problema de residir tan cerca del aeropuerto se resume en una curiosidad que relatan los vecinos de la zona. Y es que en más de una ocasión se han visto obligados a reforzar los tejados de sus casas: el aire que levantan los aviones a su paso arranca las tejas. «El aeropuerto se lleva el dinero y nosotros nos quedamos con los techos rotos», critica Juan Martin, otro de los vecinos del carril de San Isidro. No obstante, otros vecinos aclaran que la dirección del aeropuerto se ofrece a pagar los desperfectos que sufran las casas como resultado del paso de los aviones.Los malagueños que viven en San Isidro saben perfectamente la frecuencia del paso de aviones, e incluso diferencian modelos. Los residentes de la zona afirman que los peores días son los viernes, sábados y domingos, cuando el tráfico de aviones es más intenso. «Además, hay unos modelos de aviones rusos que tienen unos motores muy grandes y que son los que más ruido hacen», puntualiza Juan Martín. Los pocos vecinos que aún quedan en San Isidro, llevan viviendo allí muchos años. La población joven es casi inexistente. Los más veteranos recuerdan cómo ha ido aumentando año tras año el volumen de llegada de aviones. «Recuerdo que hace unos 40 años llegaban muy pocos aviones a Málaga y eran avionetas muy pequeñas, que apenas hacían ruido», asegura Juan Marín García. En los últimos años han visto cómo el aeropuerto de Málaga ha ido expandiéndose poco a poco. En cuanto a la construcción de una nueva pista de aterrizaje, apenas hay preocupación. «No creo que nos vayan a echar de las casas para construir una nueva pista», asegura Adolfo, dueño de una nave industrial en el carril de San Isidro, «aunque seguro que se cargan gran parte de monte», sentencia. Casas a pie de carreteraPero si los ruidos procedentes del aire son muchos, los ocasionados por la carretera no se quedan cortos. La proximidad de la carretera con las casas es otro causante de más de un quebradero de cabeza. La mayoría de las casas del carril de San Isidro están construidas al pie de la carretera. Por esta vía, la circulación de camiones de transporte es habitual y los vecinos afirman que incluso los camiones forman más ruido que los propios aviones. «Para colmo, ahora han puesto bandas sonoras en la carretera, y cada vez que pasa un camión retumban las paredes de toda la casa», protesta Adolfo. Al igual que en el caso de los aviones, el tránsito de camiones es diario y prácticamente a todas horas.Ante estos problemas, la pregunta es evidente, ¿hacen los vecinos algo para evitar esta situación? La respuesta es unánime: «Nosotros ya ni nos quejamos. Sabemos que estos ruidos no se pueden evitar. No podemos impedir que pasen camiones. Pero no nos iremos de nuestra casas». La contaminación acústica no es exclusiva de los grandes núcleos urbanos ni de las zonas de ‘botellón’. En el carril de San Isidro todo eso queda lejos. Pero allí también han tenido que aprender a convivir con el mundanal ruido.
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