Granada, 7/9/2001 PUERTA REALCiudad de serviciosJosé Vicente PascualLA palabra 'servicios' siempre ha sido de mala nota entre la gente fina. 'Servicio' eran las chachas de pueblo que trabajaban en casas de buen acomodo, o bien el cuarto de baño, eufemismo cursilón que define a cierto lugar reservado donde sólo una de cada veinticuatro veces entra la gente a bañarse de verdad. Ahora, desde la mandamasía ciudadana se nos informa de que Granada está abocada a convertirse en una espléndida ciudad de servicios. Esto no quiere decir que tengamos que dedicarnos obligatoriamente a la asistencia doméstica o a ejercer de señora de los retretes, sino que nuestra bonita y próspera villa debe afanarse en acoger a miles de turistas, ofrecerles exquisita hospitalidad y pasearlos amablemente por bonitas, hechiceras y exóticas rutas culturales. Porque la cultura, sin lugar a dudas, es lo nuestro.Cultura granadina de la buena, de la auténtica, son los estrepitosos tugurios nocturnos donde abreva una voraz grey de estudiantes pascueros sustentada a base de limar el bolsillo de sus progenitores (los cuales piensan que el niño estudia cuarto de Derecho cuando en realidad está en segundo de BUP), o bien saqueando hipermercados por el método infalible de meterse la botella de JB en la entrepierna. Eso es cultura antropológica, de las costumbres, la única verdadera según mi amigo el polígrafo argentino Roque Azcoitia. También es cultura esa afición que existe en muchos bares castizos, en los cuales pides una cerveza y antes de servírtela tienes que pagarla. «Es que ya se me han escapado muchos sin aforar lo que corresponde», se disculpa el jefe. O sea, que tratan a la clientela como si fueran presuntos delincuentes o declarados gilipollas. Presunción de delincuencia porque el jefe no ve delante de sus narices a un consumidor sino a un potencial mangante que va a salir a escape sin pagar la priva; imputación de gilipollez porque al susodicho parroquiano nadie le garantiza que en lugar de cerveza fresca, ya abonada, le sirvan un brebaje calentorro, garrafero y más peligroso para la salud que cien cartones de Ducados. E igualmente es cultura de la nuestra, muy arraigada, considerar a los guiris como una panda desnortada de pobres imbéciles dispuestos a gastar cantidades abusivas de dinero por una paella más pasada que la guerra de Cuba, un bocadillo de jamón con menos chicha que la fabada Litoral o un aguachirle semejante al agua de fregar que muchos ceñudos camareros, muy pomposamente, llaman café. Estamos o no estamos. Si nuestro futuro se encuentra en los servicios, habrá que ser consecuentes y ofrecerlos alicatados hasta el techo, desinfectados y con bidé provisto de chorro orientable. Profesionales de gran valía no faltan, el problema es que sobran muchísimos chapuceros, listillos, aprovechados y gárrulos que sirven tras la barra de un bar con la misma elegancia con que escupirían gargajos camineros sobre el lomo de una mula. A lo mejor lo que de verdad faltan son más inspectores de sanidad, o que la Junta de Andalucía empiece a hacer caso, de una vez, a las hojas de reclamaciones que se pudren de viejas en el moho de nuestras casposas cuevas de Luis Candelas. Ya veremos. Todo sea por la cultura. JOSÉ VICENTE PASCUAL
Más noticias de este mes | Último mes | Índice general de noticias |