El País
Ruidos.org: la lucha contra el ruido
Índice de noticias sobre el ruido
Noticias de este mesNoticias del último mes

Algeciras, 30/11/2001

Opinión del lector

Vampiros

Los usos y costumbres sociales son, de natural, pasajeros y unos modos sustituyen a otros con relativa facilidad. El ser humano, como moldeable que es, se adapta con mayor o menor agrado a cada nueva moda, pero a veces el cambio es tan radical que tira la toalla y abandona, y esto es lo que me ocurre con lo que podríamos llamar "cultura del vampiro".

Estas nuevas prácticas, preconizadas sobre todo por gente joven, consisten en salir a la calle mucho depués de la puesta del sol y recogerse justo antes del alba —el abc de cualquier vampiro que se precie—.

Si por alguna razón tienen que salir a la luz del día van con gafas negras o en ataúdes rodantes de cristales negros que emiten atronadoramente una música que, convendrán conmigo, sólo se puede generar en los mismísimos infiernos. Al amparo de la luna, manadas de ellos se reúnen en sitios lúgubres, "chupando" cantidades ingentes de bebidas espirituosas y "volando" gracias al influjo de pastillas alucinógenas. Los clásicos colmillos que con tanta elegancia enseñaba Lou Chaney tienen su trasunto en otros cambios corporales: tatuajes y trozos de metal ensartados en los lugares más inverosímiles de la piel. El cuadro se completa con la promiscuidad sexual y el gusto por las broncas y peleas, conductas éstas muy del agrado de los servidores del Amo de las Tinieblas, revisen, si no lo creen, filmografía al respecto.

Lo preocupante de este alucinante cuadro, que en condiciones normales como cualquier otra moda se iría como ha venido, es que las clases dirigentes lo promocionan. No sé si lo hacen porque están infectados del virus transilvánico o porque a la hora de votar este tipo de gente es más manejable que aquellos otros que practican el arte de leer libros, ejercicio que tiene el peligro de que fomenta la facultad de pensar, cosa poco conveniente para los políticos; imagínense que al personal le diera por leer, por ejemplo, El espíritu de las leyes, de Montesquieu, sería un verdadero problema conseguirlos como votantes. No cabe duda de que es mucho más aceptable políticamente que jueguen a vampiros. Con la falacia de poner orden en lo que por naturaleza es caótico, preconizan medidas tan peregrinas como abrir de madruf¡gada los polideportivos, hacer talleres nocturnos y colocar transporte público para desplazar el rebaño de un antro a otro, llegando a veces al extremo de ser las instituciones públicas las que organizan los aquelarres nocturnos.

Pero no sería justo terminar esta reflexión sin mencionar a los auténticos sucesores del conde Drácula, los que han logrado que su fétido aliento y su intrínseca maldad lleguen hasta nuestros días. Son los que montan el negocio, aquéllos por los pasan generaciones de jóvenes, una tras otra, como si de un colegio se tratara, y de los que recogen el sentimiento de rebeldía que les es consustancial para transformarlo en vil dinero que se embolsan sin importarles el daño que pueden hacer a inmaduros adolescentes deslumbrados por las tentaciones que les ponen delante. Protéjanos el Altísimo de ellos ya que los poderes públicos no lo hacen. Yo, por si acaso, viendo el poco efeco que hace el crucifijo, acostumbro a llevar siempre una cabeza de ajo en el bolsillo.

Manuel Sánchez Ledesma
Algeciras (Cádiz)

Más noticias de este mes | Último mes | Índice general de noticias
Página principal de ruidos.org