Murcia, 21/11/2001 El ruidoEl gran fracaso municipal es el ruido, ese sonido articulado y confuso que producimos todos y que por eso mismo es tan difícil de erradicar. Ruido hay en todas partes, si abres las ventanas proyectas tanto como recibes, nos alimentamos de decibelios, nuestra ruptura del silencio, la media voz, el susurro, es estruendosa. Así cualquiera le echa la culpa al concejal de esa barbarie. Hay ruidos espontáneos, involuntarios, pero otros son gratuitos, intencionados, desnaturalizados.Un tubo de escape, un martillo neumático, una sierra metálica, la sirena, el claxon, son ruidos de una cultura salvaje que todo se lo monta escandalosamente. Los bandos –si los hubiere– son olímpicamente ignorados, hasta los trenes pitan de madrugada mientras existe una norma que lo impide, que esas horas son de exclusivo patrimonio –si se trata de ruido– del ladrido de un perro, del llanto de un niño, de un grillo cabroncete, de un borracho que blasfema. Aplicar a rajatabla los reglamentos es una opción; algunos vecinos se sienten agredidos por unos bafles de más en el piso de abajo. Eso se denuncia y lo corrigen. En conjunto, la ciudad es una baraúnda insoportable, casi siempre fruto de un tráfico feroz, un ruido que es la eterna asignatura pendiente, consistorial y alborotadora. Chiapella En defensa propia. El dios de las rotativas nos provee siempre de temas recurrentes, o por decirlo en términos clínicos –que es de lo que más entendemos después de las impagables lecciones de Celia Villalobos– de temas recidivos, o sea, que aparecen, se esfuman y vuelven a aparecer, una cosa así como Agustín Conde, cuya condición de guadiana se consolida en cuanto hay una urna en el hortizonte. (Por cierto, por una vez que yo sepa, y sin que sirva de precedente, acabamos de coincidir: a él tampoco le gusta el impuesto de la gasolina. Debe ser que me he equivocado). Uno de esos temas es el del lino. Teníamos –y tenemos– el Ave, el aeropuerto mixto, o sea, mitad pasajero mitad soldado, la fábrica de harina, el palacio de congresos y otros cuantos asuntos de quita y pon. El lino vuelve, y nos damos cuenta de que no era una cuestión cerrada. Resucita por el intento de que los ciudadanos, representados por las instituciones, paguemos lo que se llevaron unos cuantos cazaprimas. El lino, además de una planta de flores azules, es un tejido, pero Loyola de Palacio en aquellos tiempos jefa agraria prefirió llamarlo trama, y ya teníamos la trama de Bono, electoralista y taimada. Ahora, la UE, que no es un equipo de tercera aunque a veces lo parezca, quiere que le devuelvan el parné cobrado con engaño. ¿Nosotros? A mí que me registren. Ellos tendrán el lino, pero nosotros tenemos el linaje. Notas de mi bloc. A ese gran actor que es Juan Manuel Chiapella lo ves una vez y ya no se te olvida su rostro, su voz, su dominio gestual. Eso pudo ocurrirle la otra noche a quienes no le conocen cuando apareció en Periodistas, interpretando a un viejo espiritista. En las películas de Cuerda,en el teatro, ha bordado siempre su papel, y no se le caen los anillos si se trata de actuar en una función amateur. Tiene casta escénica, sabe comunicar, es uno de esos actores versátiles que están cómodos con el texto que les caiga en suerte.Magnífico.Seguimos indefensos, no encuentran al desfacedor de entuertos que necesita nuestra comprobada vulnerabilidad, algo así como un ángel de la guarda con corbata, el Defensor del Pueblo de andar por casa.
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