Burgos, 18/11/2001 El control de la Policía termina con el fenómeno juvenil del «botellón»Un estudio concluye que la acción conjunta de Policía Local y la concejalía de Sanidad «destierra» de la calle a los jóvenes bebedores La costumbre adoptada por muchos chavales de beber litros de alcohol mezclado con refrescos en la calle puede darse en Burgos por desaparecida. El Ayuntamiento ha conseguido terminar con el fenómeno del «botellón». Los grupos de adolescentes y jóvenes que se reúnen en calles y parques para consumir alcohol mezclado con refrescos son prácticamente minoritarios. Así se desprende del trabajo sobre el consumo de alcohol en la vía pública que ayer se presentó en las jornadas «Contextos en torno al consumo de alcohol» organizadas por el Plan Municipal sobre Drogodependencias. El informe incluye las actuaciones policiales -intervención de las bebidas e identificación de los jóvenes- realizadas entre noviembre de 1999 y agosto de 2000. En ese tiempo se practicaron 545 confiscaciones de bebidas (892 litros) y se identificó con todos sus datos a 524 adolescentes. Además de retirar los envases, los policías -formados en prevención de drogas- explicaban a los chicos las actividades alternativas que podían realizar y les entregaban folletos informativos. SANCIONES.A partir de ahí, se enviaba la bebida al laboratorio municipal donde se analizaba y una vez comprobada la existencia de alcohol se abría un expediente sancionador que se mandaba al domicilio del joven. La multa nunca fue muy alta -2.500 pesetas si se pagaba en el acto, 5.000 si se hacía más tarde- ya que la intención era la reformadora y no la punitiva.El estudio puntualiza, no obstante, que «está demostrado que la realización de actuaciones de este tipo revierte en que las personas no realicen actividades que están penalizadas». «Se trata de una fórmula de prevención; no es la que más gusta y a menudo da lugar a críticas pero está demostrada su eficacia», explicó la coordinadora del Plan Municipal de Drogodependencias, Ana Marta Blanco. Otra de las conclusiones del trabajo es que el consumo del alcohol en la calle sigue siendo mayoritariamente «cosa de hombres». De todos los identificados, el 24% fueron mujeres mientras que el resto, el 76%, fueron chicos. La edad media de los bebedores fue de 17 años. También se comprobó que es muy escaso el porcentaje de chavales de 13 años que bebe en la calle y que éste se reduce ostensiblemente a partir de los 21 años. El nivel alcohólico promedio de las «sustancias» que llegaron hasta el laboratorio municipal fue de ocho grados. El producto más consumido es el «calimocho», una mezcla de vino y refresco de cola, de hecho, la mayor parte del alcohol intervenido por la policía no superaba los 15 grados. Un dato interesante es que el 38% de los productos alcohólicos consumidos se obtuvieron en la misma cadena de supermercados que el Ayuntamiento no especifica. LAS HORAS PREFERIDAS.Las horas preferidas para beber son las que se sitúan entre las siete de la tarde y las diez de la noche y los lugares, parques y orillas del río. La mayoría de los bebedores fueron localizados en la zona Norte, la comprendida a la derecha de la Avenida del Cid y al norte del río. La coordinadora del Plan Municipal de Drogodependencias señaló que los jóvenes no suelen beber en las zonas en las que viven. Ana Marta Blanco se refirió también a la conveniencia de que estas medidas sean permanentes y coordinadas ya que, de otra manera, no se consiguen los resultados deseados que, en el caso de Burgos, se resumen en la desaparición del «botellón», que ha pasado a locales privados y que en la escasa medida en la que existe está muy disperso «por lo que no crea cultura ni atractivo para otros».
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