Granada, 13/11/2001 'Derecho a divertirse'Señor Director de IDEAL:En la sección 'la voz del lector' de este diario, el pasado 30 de octubre se daba cuenta de la queja de un joven 'universitario' (que acudió a Granada 'deslumbrado por su ambiente universitario'). Este joven, movido por una honda inquietud que le aflige el ánimo, deseaba manifestar públicamente su desazón. ¿Qué le preocupa? ¿El menguante nivel de la calidad de la enseñanza universitaria? ¿Las futuras consecuencias de la imposición de la LOU (Ley Orgánica de Universidades)? ¿El alarmante grado de pusilanimidad que impera entre el alumnado universitario? ¡Ni hablar! Lo que le quita el sueño a este 'universitario' es que los 'pubs' cierren a las tres de la mañana. Lo desazona el tenerse que 'ir a dormir a las cinco de la mañana un sábado'. Por eso, denuncia a los 'colectivos que quieren coartarnos nuestro derecho a divertirnos'. Y, después de instar a que 'seamos serios, coherentes y a que no nos dejemos llevar por el 'peloteo' de la política', todavía amenaza: 'Razonemos, porque temo que cien mil jóvenes, entre universitarios y estudiantes, en la calle, manifestándose en contra de estas medidas sí que podrían causar ruido'. Este 'universitario' de pacotilla reivindica 'su' derecho a divertirse. El pobre confunde la diversión con el consumo de alcohol. Da puerilmente por supuesto que 'su' derecho a divertirse prima sobre el derecho ('fundamental') de los demás al descanso. Y advierte, ¡pobrecito!, del perjuicio que podría ocasionar una manifestación de cien mil estudiantes manifestándose borreguilmente en demanda del derecho al consumo noctámbulo y gregario de alcohol. ¿Sirve este joven como ejemplo del universitario actual? Si es así, quienes se lucran, caiga quien caiga, con el pingüe negocio de la explotación del consumismo adocenado en su versión etílica están de enhorabuena; cuentan con una clientela muy cualificada. Si el porvenir de Granada (y el del país en general) está en manos de estos 'universitarios', de estos egoístas aborregados que anteponen 'su' derecho a divertirse a los 'derechos fundamentales' de los demás, estamos arreglados. En cualquier caso, nos gustaría sugerir a los responsables del orden público que velen, de verdad y como es su obligación, por el derecho al descanso de los granadinos que vivimos en las zonas de concentración y abrevadero de los rebaños que reducen la diversión al mero y estruendoso consumo etílico en manada. También quisiéramos proponer una sugerencia a las autoridades municipales que deben trabajar para mejorar la convivencia y la propia dignidad (y viabilidad) de la 'turística' ciudad del 'embrujo'. Que en vez de plegarse (por acción u omisión) a los imperativos de unos intereses monetarios miopes y zafios, que suponen 'pan para hoy, hambre para mañana' (las autoridades japonesas desaconsejan visitar una ciudad tan insegura, sucia y ruidosa como Granada), hagan lo preciso para garantizar que Granada se convierta en una ciudad en la que dé gusto vivir. F. Hernández y J. Cabrera. Granada.
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