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Murcia, 08/11/2001

Una familia será indemnizada por el ruido de los bares de Cabo de Palos

El ayuntamiento cartagenero pagará 1,8 millones al año mientras sigan las molestias

El Ayuntamiento de Cartagena acatará la sentencia dictada hace seis días por la sala de lo Contencioso Administrativo del Tribunal Superior de Justicia de Murcia que le condena a indemnizar a un matrimonio, que tiene una segunda residencia en una zona de copas de Cabo de Palos, con 1,8 millones de pesetas anuales mientras no cesen los ruidos que provocan los bares y cafeterías.

«Este acatamiento por el fallo judicial no impide que este ayuntamiento afirme con rotundidad que el trabajo por atajar las molestias de los locales de la zona a sus vecinos ha sido decidido y constante en los últimos años, como se reconoce en la propia sentencia», indicó ayer un portavoz municipal. El fallo del tribunal no podrá ser recurrido.

José Luis Mazón, abogado del matrimonio demandante, asegura que se trata de una sentencia «pionera y revolucionaria desde el punto de vista de las obligaciones de los ayuntamientos en la protección del vecindario frente a los ruidos de bares, pues responsabiliza a la propia administración municipal cartagenera de no aplicar las normas de protección frente a ruidos». La sentencia impone al ayuntamiento a indemnizar con el equivalente al alquiler durante todo el año del apartamento hasta que cesen las molestias.

También obliga al pago de un millón de pesetas en razón del «daño moral causado por visitas al psiquiatra derivadas de no poder conciliar el sueño el demandante y el estado de nerviosismo generado».

La demandante, Cristina Martín Gil, vecina de Murcia, dijo a Efe que llevaba presentando denuncias ante la Concejalía de Medio Ambiente de Cartagena desde 1994, cuando adquirieron el apartamento y comenzaron las molestias.

«Todo esto nos ha costado mucho tiempo y mucha dedicación, porque de esa forma no se podía vivir en la casa», dijo la denunciante.

Martín Gil aseguró que desde que empezaron a presentar las quejas «nadie nos hizo caso, incluso bajábamos por las buenas a los bares para pedirles, por favor, que bajaran la música a partir de una determinada hora, pero no servía de nada».

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