Granada, 25/3/2001 Un 'botellón' de 12 toneladasLa concentración juvenil colmó la paciencia de los vecinos de Los Tristes
A falta de control por parte del Ayuntamiento sobre la celebración improvisada de la Fiesta de la Primavera, es la queja fundamental de los comerciantes y vecinos del Paseo de los Tristes, que durante toda la jornada del pasado viernes y la madrugada del sábado tuvieron que sufrir una concentración humana que, además de la diversión y la juerga, provocó importantes destrozos y situaciones de grave insalubridad pública, ya que 10.000 personas se veían obligadas a hacer sus necesidades, tras ingerir litros de bebidas alcohólicas, en el primer lugar que pillaban, lease calles, portales, garajes e incluso maceteros. Los efectos de lo que ya se ha llamado el gran botellón eran palpables a primera hora de la mañana de ayer, a pesar de que los trabajadores de Inagra se habían empleado a fondo desde las seis de la madrugada para retirar los residuos depositados durante todo el día y la noche anterior y en desinfectar, con zotal, algunas de las zonas afectadas, desgraciadamente no todas. Según los responsables de la cuadrilla de más de 20 trabajadores de la limpieza pública, ayer se retiraron de la zona comprendida entre Plaza Nueva y el Paseo de los Tristes, dos camiones de basuras, alrededor de 12.000 kilos de residuos, fundamentalmente botellas, bolsas y vasos. «Hemos tenido que utilizar a los trabajadores destinados en otros distritos para acometer las tareas de limpieza de esta zona y, cuando terminan, se vuelven a sus lugares habituales de trabajo», dice el capataz de la cuadrilla de Inagra. Empezaron a las seis de la madrugada. LimpiezaEl espectáculo era dantesco. Las calles eran un río de suciedad, botellas rotas, vasos de todo tipo, bolsas de supermercados, las típicas del botellón y orines por doquier. Se han baldeado las calles principales y desinfectado con zotal, pero no se ha podido hacer con las pequeñas calles y callejones adyacentes al Paseo de los Tristes, ya que la costumbre, impuesta desde que la movida se concentra en esta zona, es hacerlo los lunes. Las callejas, convertidas el viernes en urinarios públicos, con dos filas de personas haciendo sus necesidades a cada lado de la calle, tendrán que esperar hasta mañana para recibir su ración de desinfectante.Buen trabajoA las 10,30 horas de la mañana, sólo las inmediaciones del Rey Chico concentraban aún basuras sin retirar. Los operarios trabajaban a destajo para dejar limpia la zona, junto a algunos grupos de personas que todavía mostraban los efectos de la noche de juerga total.IndignaciónEn el Paseo de los Tristes, varios maceteros de gran tamaño estaban destrozados y las plantas arrancadas con sus cepellones esparcidos por la plaza. «Estas son sólo unas cuantas, porque la mayoría están en el cauce del Darro. No entiendo que se le haga daño a las plantas por placer. menos mal que cerramos el bar a las tres de la tarde, porque si no habríamos tenido problemas graves», dice el dueño de uno de los establecimientos de la plaza. Como él, los propietarios de los comercios y bares se vieron obligados a cerrar.Desde las once de la mañana del viernes los propietarios de los establecimientos llamaban insistentemente a la Policía Local al ver la masiva concentración que se estaba produciendo en la zona. «La Policía no llegó hasta las cuatro de la tarde y con muy pocos efectivos. Ya había más de 5.000 personas, por lo que los agentes no podían hacer nada», afirma la propietaria de otro de los bares que tuvo que pedir a su clientela, que comía en la terraza, que abandonaran el lugar, «era peligroso para ellos y para nosotros, ya que llegaron a amenazarnos con cuellos de botellas rotas», afirma. AvisoLos vecinos, algunos de ellos concentrados ayer por la mañana en los pocos bares abiertos y en las tiendecitas de la zona, culpan al Ayuntamiento de haberse lavado las manos ante lo que les venia encima. Hacía ya dos semanas que la consigna entre los jóvenes era la de concentrarse en esa zona, a pesar de que el municipio convocase o no. Desentenderse de la fiesta era provocar una concentración no controlada que podía acabar con problemas graves. La mayoría de los jóvenes tuvieron un comportamiento normal, pero otros muchos utilizaron el vandalismo como medio para la diversión. «Una fiesta controlada habría tenido más policías, contenedores y urinarios. Además los propios dueños de bares habrían podido controlar, en parte, el asunto».
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