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Granada, 27/6/2001

No somos malafollás, sino sucios y ruidosos

Sr. Director de IDEAL:

Quisiéramos describir en estas líneas el sinvivir que nos produce el saber que vamos a ser vecinos de animales salvajes.

Vivimos en la urbanización de Monte Elvira Albolote, zona residencial en el Área Metropolitana de Granada en contacto con la Naturaleza, donde hemos adquirido con nuestro esfuerzo e ilusión parcelas y viviendas.

Desde hace seis meses tenemos conocimiento de la venta de una vivienda que está situada a tres metros de la vivienda adyacente donde vive una familia con un bebé de quince meses y alrededor familias jóvenes con niños pequeños, con tan sólo trescientos metros de parcela y ciento cincuenta metros de construcción.

Hasta aquí se ve todo muy normal, pero hasta hace un mes tenemos constancia, no por el Ayuntamiento ni por las autoridades competentes, que un nuevo vecino trae como animalitos de compañía una boa constrictor, un león y dos monos (los cuales irán situados en la terraza de la vivienda), poseyendo en su anterior domicilio en Gerona cuarenta animalitos más.

Habiéndonos informado por nuestros propios medios en el Ayuntamiento, con sorpresa de parte del delegado de Medio Ambiente, alcaldesa, de cómo nos habíamos enterado, a falta de pocos permisos para darle la licencia definitiva, queremos expresar nuestra alarma e indignación con los órganos competentes por su pasividad ante el hecho de la no información y el ocultismo con el que se ha tratado el tema.

Según la Ley 50/1999, de 23 de diciembre, sobre el régimen jurídico de la tenencia de animales potencialmente peligrosos: define que, con carácter genérico, se consideran animales potencialmente peligrosos todos los que, perteneciendo a la fauna salvaje, siendo como utilizados como animales domésticos, o de compañía, con independencia de su agresividad, pertenecen a especies y razas que tengan capacidad de causar la muerte o lesiones a las personas o a otros animales y daños a las cosas.

Según esto, ¿qué tranquilidad nos queda a los vecinos mas próximos y sus alrededores?, ¿nuestros hijos estarán seguros, nuestra familia vendrá a visitarnos, amigos, compañeros?

Por muchos barrotes que pongan en las ventanas, somos humanos y despistes en su cuidado traería desgracias.

¿Usted cree que en el caso de un accidente, formalizando el seguro de responsabilidad civil por daños a terceros, con 25 millones se nos quita ese dolor por el daño (infecciones, alergias, etc.) o muerte de un miembro de nuestra familia?

¡Ni por todo el oro del mundo!

Por favor, seamos consecuentes y si alguien sabe cómo parar esta barbaridad, que nos ayude.

Eduardo García Martín, Carmen Alcántara López, M.ª Jesús Hurtado Pérez, Juan de Dios Jiménez Martos y Francisco J. Hidalgo Alonso.

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