Barcelona, 30/01/2001 Los expertos creen prioritaria la lucha contra el ruido nocturnoMañana miércoles, el equipo de gobierno municipal se reúne, entre otras cosas, para dar el visto bueno a una batería de actuaciones destinadas a paliar el problema medioambiental más acuciante de la ciudad: el ruido. El plan de choque (véase "La Vanguardia" del pasado sábado) pretende aliviar una situación denunciada a diario por los ciudadanos, asociaciones ecologistas y también por los expertos en la materia. Ayer, estos últimos -un profesor de Psicología Ambiental, un técnico en acústica y un especialista en la normativa europea sobre ruido- analizaron cuál es la situación actual de la ciudad, qué es lo primero que hay que solucionar y con qué recetas. "Lo primero es que se reduzcan los niveles nocturnos. No puede ser que oscilen alrededor de los 65 decibelios o más. Eso saca de sus casillas a mucha gente que intenta dormir." Habla Robert Barti, profesor de la escuela de Acústica de Ingeniería y Arquitectura de la Salle, adscrita a la Universitat Ramon Llull y una de las entidades pioneras en el estudio del ruido en la ciudad. Su visión la corrobora otro experto en la materia, Sergi Valera, profesor de Psicología Ambiental de la UB: "Por la noche, el nivel de contaminación acústica es demasiado alto. El Ayuntamiento debería fijarse el objetivo de los 55 decibelios, aunque sea a medio plazo. Ese límite sí es tolerable, el de fijar 65 es una frontera política". Para Valera, la situación medioambiental de la ciudad "ha ido a peor en los últimos cinco años" y opina que si se construye el túnel de Horta, el vehículo privado habrá asestado un golpe casi definitivo a la promoción del trasporte público. En opinión del alemán Dieter Gottlob, uno de los redactores de la normativa europea sobre contaminación acústica, "una ciudad debe intentar atajar el ruido de las áreas con mucho tráfico, pero sobre todo impedir que las zonas tranquilas se vuelvan ruidosas". Para Robert Barti, Barcelona no lo ha conseguido: "En el centro, el ruido es el mismo que hace diez años, cuando los coches no eran tan silenciosos. Eso significa que pasan más y durante más horas. En cambio -añade-, las zonas que eran tranquilas ya no lo son porque se han convertido en las vías de paso a los grandes accesos de la ciudad". En realidad, una parte considerable de los correos electrónicos que llegan al buzón de "La Vanguardia" hablan de la pérdida de calidad de vida en esas zonas a las que se refiere Barti: Sarrià, Sant Gervasi, Bonanova... Las calles Craywinckel o República Argentina son otros ejemplos. Varios lectores hablan de ellas como foco constante de ruido en las que se llega a puntas de 85 decibelios y a medias de 75 dBA incluso con tráfico medio. Robert Barti aconseja al Ayuntamiento que trabaje con pavimento poroso para rebajar el efecto del tráfico y Sergi Valera, que se apueste "de verdad" por el transporte público. Para Dieter Gottlob la clave está en peatonalizar calles y restringir el tráfico.
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