Granada, 30/1/2000 Menudo sustoSr. Director de IDEAL: Agradeciéndole de antemano la publicación de la presente le diré que:Hace unos años, cuando ETA puso una bomba en el Jardín de la Reina oímos un enorme estruendo. Entonces no me asuste, porque aun no sabía de qué se trataba. Hoy, 26 de enero, se me heló la sangre a las 12 menos 10 de la noche, volví a escuchar aquel horrible estallido, temblaron los cristales y vibró el suelo de mi casa... ETA ya había actuado esta misma mañana, ¿por qué no podía volver a hacerlo por la noche?, como aquella mañana en la que la víctima fue un peluquero de la base aérea, como podía haber sido otro cualquiera... Temblando, y como solemos decir en palabras de andar por casa «con el corazón en la boca», me asomé a la ventana y escuche un segundo estallido acompañado de una luz brillante que provenía de la zona del Palacio de Congresos. Las alarmas sonaban, los vecinos asomados a sus balcones se preguntaban a gritos qué había sucedido, la gente en la calle corría a refugiarse en los portales. ¡Son cohetes!, gritaba uno, ¿qué van a ser cohetes?, ¿es que se celebra algo hoy? ¡Ha tenido que pasar algo! ¿no escucháis las sirenas? Pero gracias a Dios no ocurrió nada, tardamos unos segundos en darnos cuenta de que las explosiones se repetían y que el cielo se coloreaba al par de las explosiones, y acompañando a tan escandaloso espectáculo, mi suelo, mis paredes, y hasta mi ritmo cardíaco. Sin motivo conocido por el común de la ciudadanía, a alguien se le había ocurrido la brillante idea de festejar algo que los vecinos de los alrededores del Palacio de Congresos desconocíamos por completo, por lo que el susto fue mayúsculo. Y yo me pregunto, ¿por qué cuando el Ayuntamiento da permiso para celebrar este tipo de acontecimientos no avisa con anterioridad a los vecinos? ¿Han pensado en las consecuencias que semejante susto puede tener para un enfermo cardíaco? ¿Cuando se autorizó la fastuosa verbena se pensó acaso en que a esa hora hay niños pequeños durmiendo en sus cunas y en el susto que se han debido llevar? Pero el atrevimiento de los organizadores o patrocinadores de estos festejos de poca monta llega a rozar la temeridad: Justo a la espalda del Palacio de Congresos junto al Palacio de Abu-Said existe un inmueble por el que las autoridades no muestran el menor interés y que amenaza ruinas, que ya en varias ocasiones ha escupido tejas desde lo más alto, e incluso paredes enteras y que suele arreglarse instalando vallas provisionales y cintas de plástico. Pues bien, si los cristales de mi casa vibraron con el estruendo, si saltaron las alarmas en un kilómetro a la redonda y temblaron suelos y paredes de casas en perfecto estado ¿cómo ha podido afectar a dicho inmueble el grandioso espectáculo?, ¿acaso las autoridades que han conferido tan prestamente autorización para dicho evento van a encargarse de enviar peritos expertos que nos aseguren que el ruinoso edificio no ha sufrido más daños de los que ya tenía y que no se ha convertido en un peligro para todos? Yo me aventuro a asegurar que no, porque al parecer la integridad física de los vecinos de Granada carece de importancia para nuestros dirigentes políticos. Aquí en esta tierra mía se sigue solucionando todo como en tiempos de los romanos, y al pueblo se le contenta con más circo y más pan. María Esther Solier Rodríguez. Granada.
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