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Barcelona, 19/1/2001

El ruido dispara los casos de insomnio, malestar y agresividad

EDITORIAL

Demasiado ruido

LO que es una evidencia para cualquier ciudadano barcelonés está adquiriendo crecientemente un respaldo empírico y científico: Barcelona se ha convertido en una ciudad extraordinariamente ruidosa, hasta el punto de que resulta cada vez más difícil mantener una conversación en la calle si no se efectúa a grito pelado.

Por supuesto, sobre coches y motocicletas se ciernen las mayores sospechas de culpabilidad de que se haya llegado a esta situación, pero la responsabilidad debe recaer abrumadoramente sobre las espaldas de los usuarios y no sobre las de los fabricantes, que se esfuerzan en producir motores cada vez más silenciosos. Otra cosa son los escapes libres, la manía de oprimir el claxon a la menor ocasión o la tendencia de algunos desequilibrados a convertir su coche en una discoteca ambulante, por no mencionar, en otro apartado, la tortura acústica que representan las máquinas taladradoras en una ciudad permanentemente en obras.

¿Soluciones? Junto a la llamada al civismo, no por manida menos necesaria, hay que aplicar una política de tolerancia cero con los infractores, similar a la de los controles de alcoholemia o a la de la represión del aparcamiento indebido

"Los barceloneses duermen poco y mal y eso, en buena parte de los casos, es porque el ruido está interfiriendo en el sueño." En la consulta del doctor José Antonio Muñoz Yunta los casos de insomnio se han disparado, también en algunas consultas de hospitales de la ciudad, como el del Mar. La culpa, o buena parte de ella, la tiene la contaminación acústica que sufre la ciudad (ver "La Vanguardia" de ayer). "Si el sueño no es reparador, al día siguiente las neuronas no están frescas y la persona se vuelve más vulnerable y pueden aumentar no sólo el insomnio, sino la irritabilidad, la agresividad...", enumera Muñoz, que ha creado una unidad de estudio del sueño y que ha investigado las relaciones del ruido con el insomnio como profesor de la Universitat Autònoma de Barcelona.

Sobre la mesa de su consulta están los trabajos científicos más recientes realizados con adultos y menores en varias ciudades europeas y americanas. Todos indican una relación clara del ruido con enfermedades que pueden llegar a ser graves. "Hasta hace dos años creíamos -apunta Muñoz- que las secuelas eran funcionales, de comportamiento. Ahora se está viendo que exposiciones continuadas a impactos acústicos provocan lesiones en el cerebro, en el lóbulo frontal, y eso puede llevar a la demencia."

Los estudios indican que "el ruido puede ampliar la vulnerabilidad de ciertas enfermedades y condicionar el comportamiento" (Huber, 1999). Que la exposición de la población infantil a la contaminación acústica de un aeropuerto hace disminuir la calidad de vida, el rendimiento escolar y daña el equilibrio psicológico de los niños (Bullinger, 1999). O que, en Moscú, donde se ha disparado el número de vehículos, el índice de mortalidad infantil ha aumentado un 40% en seis años (Filatov, 1998). Los efectos contaminantes y acústicos tendrían buena parte de la culpa.

Muñoz Yunta, una de las voces más autorizadas en terapias de sueño de Barcelona, considera muy positivos los efectos de la renovación del parque automovilístico y de la flota de vehículos de la limpieza, pero echa en cara a los responsables municipales, encabezados por la edil de Medio Ambiente, Imma Mayol, "que no sean más serios" con las motos "trucadas" .

Muñoz no entiende que el Ayuntamiento considere tolerables los 65 decibelios durante la noche en exteriores y los 75 durante el día: "Desde el punto médico eso es inviable, sólo habría que recordarles que en zonas sanitarias (como el Clínic, por ejemplo) no se deberían superar los 45 decibelios por el día y los 35 de día y no se cumplen".

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