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Albacete, 28/12/2001

El botellón navideño

PEDRO MUÑOZ MEDRANO
Parece que el asunto del botellón disgusta a casi todo el mundo; pero sospecho que si no fuera por el interés económico de algunos y las molestias que ocasiona al vecindario, posiblemente no se estaría criticando tanto quedando en segundo plano la nocividad que puede generar el consumo desmedido e incontrolado de bebidas alcohólicas por nuestra juventud, cuestión esta mucho más importante a mi juicio.

Puede extrañarnos que algunos jóvenes prefieran estar en la calle –tendrán razones para ello sin duda– pero no debe sorprendernos tanto pues ha sido desde antaño frecuente en nuestro entorno celebrar cualquier cosa en la vía pública. Forma parte de nuestra cultura. Salir a tomar el fresco a la puerta de las casas en los meses de verano era habitual; vecinos sentados en las aceras charlando y niños jugando hasta altas horas de la noche. Antaño la gente salía a los parques y jardines a cenar, y convivían, intercambiaban vecindad. Una manifestación más de libertad compartida sin lugar a dudas. Hoy nos reunimos en las terrazas que también ocupan las calles, como los practicantes del botellón, pero parece que molestan menos sobre todo al Ayuntamiento.

El caso es que el botellón molesta hoy y es un hecho que se va extendiendo día tras día entre los más jóvenes en la casi totalidad de las ciudades españolas. Las prohibiciones legales en la venta de bebidas alcohólicas a los menores y los intentos de restringir su consumo en las calles, no han sido efectivas hasta el momento. Pero en el botellón subyace otra cuestión que a mí me parece importante: la actitud desaprensiva de algunos comerciantes que promocionan la venta de sus productos entre el colectivo juvenil, con el fin de obtener beneficios extraordinarios, a pesar de conocer que los productos vendidos serán consumidos por menores, aunque sean adquiridos por muchachos que han alcanzado la mayoría de edad legal. Me repugnan estos avaros que hacen la vista gorda ilusionados exclusivamente con el incremento incesante de sus caudales a costa de la salud de la juventud. Debemos reprobar socialmente estas actitudes.

No debe restringirse la libertad de nadie y por tanto no debe prohibirse el botellón salvo que se altere el orden público; el que quiera, que lo practique sin impedir el descanso de los demás.

Lo que debemos hacer padres y autoridades es intentar evitarlo y asumir nuestra responsabilidad. Hemos de convencer a nuestros jóvenes de la nocividad de estos hábitos para su futuro y procurarles realmente la posibilidad de sustituirlos por otros más sanos y enriquecedores, proponer actividades que sean capaces de generar una alternativa atractiva y sustitutoria de esta práctica insana, pero sin imposiciones.

Ha de existir otra oferta para la juventud lo suficientemente amplia, al margen de no dormir durante la noche y excederse en el consumo de bebidas alcohólicas. Quizá este asunto nos apunte que la actual oferta lúdica que ofrece la sociedad es insuficiente o inadecuada para los jóvenes. Preguntémonos qué alternativas de ocio están al alcance de jóvenes y adolescentes.

El programa Esta noche toca o el hecho de mantener abiertas las bibliotecas por la noche no parecen haber logrado sus objetivos. Más bien puede haber provocado justamente lo que se pretendía evitar; es decir, no acercar a los niños a esas actividades teóricamente bien programadas, sino hacer que salgan de sus casas y se acerquen muchachos demasiado jóvenes a unos ambientes diseñados para usuarios más adultos; un tipo de ocio inadecuado totalmente para chicos y chicas de pocos años ansiosos por descubrir cualquier cosa. Quizá sería más conveniente un programa de actividades denominado Esta mañana toca. Los jóvenes necesitan actividades que formen parte de su cultura, que se integren en sus vidas y les motiven a la participación. Busquemos las condiciones que propicien la creación de hábitos saludables, pero elegidos por ellos, no concebidos por adultos.

Escuchemos sus propuestas, quizá ahí esté la respuesta a este problema y a otros por venir. Ofrezcamos algo que les pueda ilusionar y provoque que, mientras otros le den al botellón, ellos duerman para hacer al día siguiente algo realmente interesante desde su perspectiva, adaptándose al ciclo biológico adecuado a sus edades. Instrumentos tiene nuestra sociedad para ello, sólo es cuestión de voluntad e imaginación, estimulando y potenciando el diálogo. Los responsables de las Concejalías de Juventud, Educación, Cultura, Deportes y alguna otra, tienen bastante que proponer en esta cuestión y los padres deben cooperar.

Me disgustan tremendamente los comentarios sobre la catadura moral de la juventud, pues creo que, hoy más que nunca, está bien informada y preparada para incorporarse de forma activa a la sociedad. Carecen de los prejuicios que padecieron otros pero necesitan, como los adultos, reconocimiento, comprensión, estímulo y ayuda.

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