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Albacete, 16/12/2001

Camino del botellón

Caminaban ellos -jóvenes que podrían representar el paradigma producto de esta sociedad del mínimo esfuerzo y máximo placer- por la calle Pérez Galdós de la capital. Eran las diez de la noche y hacía frío. Parece una novela de Conan Doyle, pero es que es la verdad; vamos, que se trataba de un lugar céntrico y una hora bastante normal. Pues ellos, estos jóvenes (y jóvenas) iban camino de la zona del parque Abelardo Sánchez. Como llevaban varias bolsas de plástico de supermercados, por la hora y otros detalles, no cabía duda que avanzaban, en la gelida noche de invierno (otra vez Conan), al encuentro del ‘botellón’, ese balón de oxígeno que libra del aburrimiento a la juventud, que ha encontrado su piedra filosofal en la botella de ginebra o de wiski. Botellón, sustituto del libro y de cualquier cosa que significa formación y disciplina. Los jóvenes eran ruidosos (las muchachadas de hoy día son así) y además muy hombres.Los hombres, en un momento determinado decidieron demostrar que se encontraban en plena forma física y comenzaron a caminar por encima de los coches aparcados.

Han entendido bien: caminaban por encima de los coches aparcados, por el techo de los coches aparcados en la calle Pérez Galdós (acera derecha según se avanza hacia al parque, casi a la altura del sanatorio Santa Cristina) por la chapa de los coches aparcados, que rechinaban de forma alarmante y que muy probablemente a la mañana siguiente mostrarían un efecto desolador a los propietarios de estos vehículos.

Cambiar el trecho de un coche puede costar muy bien unas cien mil pesetas como mínimo. Nuestros jóvenes del presunto botellón, hicieron su machada. ¡Qué machos, tú! ¡Cualquiera les dice nada! Si son capaces de hacer eso, a un pobre viandante le pueden poner la bufanda como soga de ahorcado.

Me niego a creer, que nuestra juventud sea la del botellón, del destrozo de señales de tráfico, o la que anda por los techos de los coches aparcados en la vía pública.

Me niego a creer que es la juventud del taco constante en la boca. La juventud siempre ha sido rebelde, afortunadamente, pero una cosa es la sana rebeldía y otra el puro gamberrismo.

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