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Albacete, 07/12/2001

El botellón, los vecinos y los hosteleros

MARÍA JOSÉ NAVARRO RODENAS
Si hacen un poco de memoria pueden recordar que el mismo grupo político que aprobó la ordenanza y que tuvo seis meses para impedir la apertura de estas discotecas no lo hizo y dio lugar a que un año y medio después pasara la patata caliente a la siguiente Corporación municipal

Parece ser que la convocatoria de botellón popular, en los aledaños de la finca del Sr. Alcalde, ha despertado alarma popular y ha provocado un profundo rechazo, unánime, por parte de todos los grupos políticos y de la sufrida asociación de hosteleros. En principio hay que considerar esta convocatoria anónima como un intento desesperado de hacerse oír ante un problema sin respuesta que viene alargándose y al que la administración, independientemente del color político, va dando elegantes capotazos. Aunque no creo que sea, este intento de botellón, lo más acertado, me resulta fácilmente comprensible. Preste atención el lector que no tiene desperdicio:

En la actualidad soy vecina residente, en una comunidad de más de cincuenta vecinos de una finca situada en una de las esquinas más conflictivas de todo Albacete, de cuanto a movida de fin de semana (incluido el jueves) se refiere; por lo que creo que estoy capacitada para analizar el problema. Es cuanto menos curioso que, aparte de los vecinos afectados, el colectivo que más critica el botellón sea la asociación de hosteleros. A nadie se le ha ocurrido pensar ¿por qué? Analicen despacio las siguientes líneas.

¿Alguien sabría decirme la diferencia entre tomarse un botellón en la puerta de un local con actividad musical y el consumir un cubata servido por los camareros de ese mismo local en la puerta de dicho establecimiento? La respuesta es obvia. En el primer caso el hostelero no gana un duro; en el segundo supuesto, el servicio le supone un incremento en caja de quinientas a setecientas pesetas (en un futuro cinco euros). En ambos casos se disfruta de la música que generosamente fluye por puertas y ventanas y de la generosa cantidad de decibelios que no controla ni Dios.

La pregunta anterior nos lleva a otra no menos importante. ¿Sabría decirme algún responsable político, algún hostelero bienintencionado o cualquier mente iluminada la diferencia entre calles de botellón y otras torturadas calles como Tejares, Concepción o Mayor?

En ambos casos se hace insufrible la vida diaria. La libertad y el derecho de unos a divertirse choca frontalmente con el derecho del ciudadano a vivir tranquilamente y a descansar para poder trabajar. Son los poderes públicos los que deben velar por el derecho de unos y otros.

Paso a explicarles lo que acontece cualquier jueves, viernes y sábado de cualquier día del año. Les pongo en antecedentes. Los locales con actividad musical suelen tener una capacidad de entre cuarenta y doscientos metros cuadrados; el aforo suele oscilar entre cincuenta y ciento setenta y cinco personas (aunque estas cifras que el excelentísimo ayuntamiento determina son de cachondeo). Lo normal es que el aforo de un local en estos días de la semana duplique y triplique la capacidad. Si a esto añadimos que en cien metros cuadrados de calle se encuentren más de doce disco pub, se puede fácilmente entender la intranquilidad de los vecinos. En la esquina famosa, donde se encuentra la finca a la cual represento, se apiñan cinco discotecas de seis que hay en el centro. De estas cinco discotecas cuatro tienen licencia para abrir todo el día; hasta las seis de la mañana los fines de semana y hasta las cuatro de la mañana los jueves. Pero una de ellas no tiene licencia de discoteca aunque libremente se autodenomina discoteca y cumple rigurosamente el mismo horario que sus vecinas; esto a pesar de las denuncias que se han efectuado al Ayuntamiento y a la Junta de Comunidades, que inculpándose mutuamente se pasan el balón limpiamente y aquí no pasa nada. No exagero (pueden comprobarlo in situ), cuando digo que cuando la temperatura exterior es de más de ocho grados centígrados, entre el treinta y el setenta por ciento de la clientela es atendida en el exterior de los locales a través de puertas y ventanas y cualquier hora de la madrugada; y es que señores el exterior cuenta con las mismas o más prestaciones que el interior de los locales: música a tope, camareros, zona de baile… y algo mucho mejor: portales y soportarles donde vomitar, mear, magrear, según las necesidades. Se supone que no molestan y a su vez no son molestados, pero claro estas copas dejan grandes beneficios a los altruistas hosteleros.

Y bien dirán ustedes ¿qué se puede hacer? Mandamos al ejército, declaramos la ley seca… Por supuesto que no. La solución sería más sencilla de todas: cumplir y hacer cumplir las ordenanzas municipales. Tan sencillo como esto: velar por el cumplimiento de las ordenanzas propuestas y aprobadas tanto por el Partido Popular como por el Partido Socialista. Miren qué fácil.

Una ordenanza de 1995 se anticipó al actual problema. Posteriormente y ya con el gobierno del PP consideraron esta ordenanza insuficiente y la complementaron adecuadamente sobre los papeles aprobando una ampliación de la misma en 1998 y entró, en teoría, en vigor en 1999. Sendas ordenanzas señalaban zonas ambientalmente protegidas, en las que estaba prohibido la instalación de locales con actividad musical en una distancia mínima de 25 metros entre ellos, por considerar dichas zonas saturadas de este tipo de bares. De estas ordenanzas nada se sabe.

Son numerosos los locales que incumplen estas ordenanzas tan cabales. El caso más flagrante es el de una supuesta discoteca que carece de licencia para ello y que además incumple la primera de estas ordenanzas por estar en zona protegida. Eso sí, alguien con verdadero interés en rentabilizar el local, presuntamente ha manipulado los planos para que el local quedase fuera de la zona ambientalmente protegida. No se crean que esto solamente lo sé yo; también el jefe del Servicio Técnico de Medio Ambiente debe tener conocimiento de ellos, ya que así se lo hemos hecho llegar. ¿Alguien tiene noticias suyas?

Con respecto a la segunda ordenanza el caso más sonoro lo encontramos en las tres polémicas discotecas de la calle Tejares y Jesús Nazareno. Ahora la situación de estos locales se encuentra en manos de los jueces, aunque siguen abiertas al público. Si hacen un poco de memoria pueden recordar que el mismo grupo político que aprobó la ordenanza y que tuvo seis meses para impedir la apertura de estas discotecas no lo hizo y dio lugar a que un año y medio después pasara la patata caliente a la siguiente Corporación municipal; Corporación que se vio obligada a cumplir las ordenanzas municipales a pesar de las críticas y presiones del grupo político que en su desidia fue el causante de la actual situación. (Recuérdense las fotos del concejal Núñez Nogales con los hosteleros y las entrevistas televisivas donde se hacía hincapié en las sumas millonarias que dichos comerciantes habían invertido. ¿Y los vecinos no hemos invertido en nuestras casas y no tenemos derecho a la tranquilidad?) Lo que resuelvan los jueces no dejará impasible a nadie, ya que tanto propietarios de locales como vecinos no hemos sido culpables de esta lamentable situación. Como los atentos lectores habrán sacado en conclusión de mis palabras, el botellón sólo es una pequeña muestra del problema que todos los fines de semana (vuelvo a incluir los jueves) se dan en las calle de Albacete.

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