Coruña, 30/08/2001 Los ruidos del vecino del quintoAumentan las denuncias entre particulares por los sonidos molestosVecinos.La relación a veces se limita a un forzado saludo en el ascensor, seguido de un comentario sobre el tiempo y una mirada clavada en el suelo o en la pantalla que indica las plantas que quedan para dejar de compartir el reducido espacio. A veces, porque en otras “el de al lado” se convierte en el culpable de los ruidos que no dejan dormir o levantan dolor de cabeza. Y es que cada vez son más las denuncias entre particulares por culpa del taconeo de la vecina del piso superior, el programa de centrifugado de la lavadora o el volumen de la cadena de música. El 092 se encarga de medir los decibelios y de tramitar unas denuncias que pueden acabar en multa.
El del quinto.Ese que pone a toda pastilla el sonido de la cadena de música los domingos por la mañana, temprano y siempre con el mismo cantautor pringoso. Todos los domingos, a la misma hora, como un reloj y tan alto que parece que el dichoso cantante está a los pies de la cama. El del quinto. El que tiene una mujer que ha cogido la costumbre de andar por casa en tacones de aguja. La tarima hace de caja de resonancia y convierte los pasos en taladros que agujerean la paciencia.El del quinto. El que deja al perro solo durante los fines de semana y el animal no puede evitar expresar su tristeza con ladridos monorrítmicos y con el mismo compás. El del quinto. Ese que se ha empeñado en exprimir al máximo la tarifa nocturna y pone la lavadora a partir de la media noche. Y cuando llena el programa de centrifugado parece que la cama se mueve a la misma velocidad que el bombo. ¿Quién no tiene un vecino del quinto, del sexto o de la altura que sea? Lo que puede parecer una situación anecdótica, que se suele quedar entre las paredes de las viviendas, se está convirtiendo en motivo de sanción. Medir los decibeliosComo se señala desde la Policía Local, cada vez son más frecuentes las denuncias entre particulares por culpa de los ruidos, unas molestias que hasta hace unos años eran propias de los lugares de marcha y entre los dueños de los pubs y los vecinos. En los últimos meses han proliferado las denuncias entre vecinos. Por lo general, los miembros del 092 suelen actuar de mediadores entres los implicados y las sanciones. En teoría el proceso es sencillo. El coruñés harto de soportar los ruidos se pone en contacto con la Policía Local y, si lo solicita, efectivos del cuerpo se desplazan hasta la vivienda para comprobar si el ruido está dentro de los volúmenes permitidos. Es decir, si no superan los 55 decibelios durante el día y los 45 en la noche. Si la prueba da positivo, el 092 levanta un acta, informa a las partes y envía un expediente al departamento de Aperturas del Ayuntamiento, que es el encargado de tramitar las sanciones.Multa por molestiaComo se indica desde el 092, cada visita al lugar de los hechos en el que el audímetro dé positivo es una sanción. Las advertencias no cuentan, pero los decibelios sí. En función de la gravedad del ruido las multas van desde las 10.000 hasta las 250.000 pesetas, aunque las más frecuentes son las de 50.000. Esta es la teoría porque en la práctica desde que un vecino se pone en contacto con la Policía Local hasta que se consigue probar la existencia del ruido a veces pasan varias semanas.En cuestiones de vecindario siempre existe la picaresca que obliga a los policías a visitar hasta cinco o seis veces una vivienda para pillar a la fuente de las molestias. Se han dado casos, incluso, en los que los agentes han tenido que ir vestidos de paisanos para pasar desapercibidos y engañar al vecino ruidoso que controlaba la llegada de la patrulla para bajar el sonido de su cadena musical. A los ruidos más frecuentes, como el del volumen de un televisor al máximo, se le unen situaciones curiosas. En los últimos meses en el 092 han tenido varios casos en los que las clases de piano de los niños se han convertido en la pesadilla que rompe la hora de la siesta y que deja en el recuerdo los ensayos de flauta para aprobar los exámenes de música del colegio. Con frecuencia la presencia de los policías tiene efecto disuasorio. Los vecinos que organizan una fiesta, que se prolonga y molesta al resto, suelen bajar el volumen de la música e, incluso, irse con la música a otra parte cuando los agentes tocan al timbre. Pero existen casos en los que esta visita se convierte en una excusa para declararse la guerra entre descansillos. Las denuncias llevan nombres y apellidos, y a veces el vecino del quinto no encaja que al resto no les gusta despertarse los domingos con un cantautor.
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