Cartagena, 26/08/2001 Los jóvenes del 'botelleo' se drogan y orinan junto a las casas en Cabo de PalosANTONIO CONESALos vecinos exigen medidas policiales al ayuntamiento ya que se sienten amenazados ante la actitud desafiante de los adolescentesLos vecinos de Cabo de Palos ponen el grito en el cielo. Parece sin embargo que nadie les escucha. Un ejército de 2.000 jóvenes llega armado con centenares de botellas de alcohol cada fin de semana al paseo de la Barra. Un gran pantalán que se queda pequeño ante semejante avalancha humana. Los adolescentes toman al asalto las calles Salero y Cañonero para tortura de los residentes. Al unísono explican que se orinan y vomitan literalmente en la puerta de sus casas. Incluso se introducen en los soportales durante la madrugada para esnifar droga o hacer el amor. Los ciudadanos hartos piden al ayuntamiento medidas de tipo policial.Lejos de idílicas imágenes veraniegas. Cabo de Palos ha dejado de ser un pueblo de costa tranquilo. Un cansino murmullo se apodera de la localidad cuando llega la medianoche. Cientos de jóvenes ocupan el paseo de la Barra para practicar el conocido botelleo. En una horquilla de edad que oscila entre los 15 y los 25 años, su único propósito es la diversión sin fronteras. Olvidando en todo momento que su actitud puede llegar a ser insoportable para los habitantes.Los negocios de restauración junto al puerto empiezan a tener problemas ante tal marea de personas. «Los clientes están cenando y justo al lado estos chavales bebiendo sin parar. Pero ojalá sólo fuera eso. Se ponen a mear y vomitar delante de ellos. Es muy desagradable», se queja José García, propietario del restaurante Pez Rojo. Pero los negocios cuando cierran se olvidan del problema. La madrugada se hace entonces eterna para los vecinos. Quieren dormir. Un propósito casi imposible. La actitud desafiante de los adolescentes les lleva incluso a sentirse amenazados. «Esto es una casa de putas. En la pared de mi casa se orinan trescientos chicos cada sábado. Además ponen las botellas en el poyete del porche y lo utilizan como barra. A veces tengo que aguantar cómo se meten rayas de coca», asegura José Pla, residente en la calle Salero y dueño del consultorio médico Virgen del Mar. La historia de terror juvenil tiene otros desagradables capítulos: «el otro día en el soportal de la vecina una chica hizo el sexo con dos chavales y después masturbó a otro. Los amigos se ponía delante para taparles. Es inconcebible». Tanto. como la imagen desoladora de cascotes, tampones y fuerte olor a orín que se encuentran a primera hora de la mañana. El presidente de la asociación de vecinos, José María Parra, asevera que ha pedido en varias ocasiones al concejal de la zona, Juan Manuel Ruiz, más presencia policial pero «por muchas denuncias que ponemos no pasan los guardias por aquí».
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