El Periódico de Extremadura
Ruidos.org: la lucha contra el ruido
Índice de noticias sobre el ruido
Noticias de este mesNoticias del último mes

Cáceres, 11/8/2001 TRIBUNA

BOTELLONES

ALVARO VALVERDE
Sí, no hace falta que lo juren: este asunto empieza a estar demasiado manido. Pero demasiado manidos están asuntos de índole tan diversa como el terrorismo, por poner un ejemplo extremo, y la inmigración, otro tema de radical importancia, y no por eso se puede afirmar que estén no ya agotados sino apenas esbozados, tal su complejidad. He llevado la comparación hasta el límite con intención. Las magnitudes, se dirá, no son comparables y eso es verdad. Ahora bien, a otra escala, a la justa medida del ciudadano extremeño medio, del que no vive en el País Vasco, pongo por caso, ni es guardia civil o concejal, o del que no es vecino de Talayuela y su entorno, estarán de acuerdo conmigo que el asunto del botellón nos afecta de una forma más directa y contundente.

Sí, es posible que en la zona rural esto del botellón sea una cuestión menor (cosa que pongo en duda) en relación con su importancia en el medio urbano, pero teniendo en cuenta el número de pueblos y ciudades afectados y, en consecuencia, el número de habitantes concernidos, nadie pondrá en duda el alcance del problema

No es la primera vez que traigo al papel mis modestas reflexiones acerca del fenómeno, aunque otras veces las haya centrado en el botellón de mi ciudad natal. Nunca he comprendido cómo gente intolerante por naturaleza, a los hechos remito, consiente con tanta alegría un problema que afecta a la salud pública (alcoholemia, contaminación acústica, suciedad, infecciones por vómitos y orines, malos olores, etcétera) y a la seguridad ciudadana, sean tan condescendientes con algo que se contrapone al sagrado derecho al descanso. Lo inaudito es que no se está tanto en contra de que exista cuanto preocupados por dónde su ubica, si en el centro o no, al lado de un colegio público o de un parador de turismo, para perjudicar a éstos o a aquéllos. Por algo en mi pueblo el primero que presume de botellonero es el concejal de Juventud. No se me escapa el marcado matiz político de esta cara movida. No en vano su consentimiento genera votos, o dicho de otro modo: no siempre sus practicantes carecen de la edad legal para votar (y para beber).

Cuesta creer que pase por moderna una práctica tan bárbara, previa a la civilizada de reunirse en sitios llamados bares a charlar y a consumir bebidas alcohólicas (o no).

Medidas deseables como el Pacto por la Noche --costosas y bienintencionadas-- no parecen la mejor solución. Una sociedad civil de asentado carácter democrático no debería consentir, insisto, lo que resulta razonablemente ilegal. Cosa distinta es que la legislación se quiera aplicar. Y esto es dejación de responsabilidades.

El mayor despropósito de un alcalde radica en prohibir una actuación puntual de un grupo de música porque incita al consumo de alcohol y, sin embargo, permite el botellón la mitad de los días de la semana durante todos los meses del año. Como no resulta comprensible que la alcaldesa de Navalmoral de la Mata asuma la intención de prohibir el consumo de bebidas en la vía pública y se quede sola en el empeño. No quiero pensar que en esta falta de apoyo primen las mezquindades políticas, por más que casi todas las ciudades botelloneras estén en manos del PP, siendo Salud Recio del PSOE.

Sufro desde hace años un botellón a la puerta de casa. He llamado mil veces a la policía con idéntico resultado: ninguno. Alguna vez se me dijo por teléfono. 'Llame a lo políticos'. En esta respuesta, me temo, radica el vergonzoso quid de la cuestión.

Más noticias de este mes | Último mes | Índice general de noticias
Página principal de ruidos.org