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Barcelona, 28/11/2000

Un juez rescinde el contrato de alquiler de un bar por ruidoso

IGNACIO DE OROVIO

BARCELONA. - Ni expedientes ni sanciones ni Guardia Urbana. Un juez de Barcelona ha resuelto cerrar un bar anulando el contrato de alquiler entre éste y el propietario del local y declarando "cesada" la actividad. No ha hecho falta que el local tuviera un grueso dossier de sanciones y denuncias para que el titular del juzgado de primera instancia número 42 de Barcelona aplicara la reciente Ley de Propiedad Horizontal y tomara esa medida, al considerar que la música que salía del interior del local lesionaba "un derecho fundamental como es el relativo a la intimidad e inviolabilidad del domicilio".

Los vecinos habían denunciado decenas de veces los ruidos que emanaban del garito, que abre a las once de la noche y cierra a altas horas de la madrugada, pero sus quejas ante la Guardia Urbana no habían tenido más consecuencias que unos días con la música algo más relajada. Luego, más de lo mismo. Comenzaron a denunciar los ruidos en 1992. Las quejas son frecuentes en esta zona de la ciudad, con decenas de locales nocturnos. Un perito judicial hizo mediciones del volumen del local y detectó hasta 97 decibelios cuando lo permitido era de hasta 70. La sentencia dice que los vecinos "no tienen el deber jurídico de soportar" esos niveles de ruido, que exceden "la normal tolerancia".

Con esta sentencia, el bar Dsigual, en la calle de Marià Cubí, en la parte alta de Barcelona, es probablemente "el primero de España que recibe una condena de este tipo, ya que la ley que se le aplica tiene apenas año y medio", explica el abogado Joaquim Martí, representante de la comunidad de vecinos que hay sobre el bar, y que llevó el asunto a los tribunales. En una junta vecinal de octubre de 1994 ya se advirtió al dueño que, de no cesar el volumen de la música, se denunciaría ante los tribunales a Dsigual, como se hizo finalmente.

El abogado de Dsigual, Joan Vidal de Llobatera, recurrirá en apelación ante la Audiencia de Barcelona, según anunció ayer, y subrayó que "esta sentencia es de una primera instancia y por tanto no es firme". Además, la sentencia condena al dueño de Dsigual, Carmelo Amor, y al propietario del local, Jaume Rovira, a indemnizar con 300.000 pesetas a la comunidad de vecinos por "daños morales".

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