Valencia, 13/5/2000 Los vecinos recriminan a la Administración que no cumpla la ley en contra del ruidoVarios expertos afirman que el ruido produce más decibelios, y los bares, más quejasMARÍA TOMÁS .ValenciaLa guerra del ruido en Valencia es una batalla antigua que sigue sin una solución satisfactoria para las partes en conflicto. Administración, vecinos, empresarios del ocio, jóvenes y expertos en contaminación acústica se daban cita en el Club Diario Levante, convocados por el Fòrum Ciutadà de València, para lograr una solución intermedia entre el derecho al descanso y al ocio en una sociedad, la valenciana, que recibe grandes dividendos gracias a la cultura de la diversión. Los expertos exponían las consecuencias negativas que el ruido produce en contra la salud y que no sólo procede de la problemática nocturna, sino que tiene en el tráfico su principal origen. Según estos estudiosos, el tráfico es lo que produce más ruido. Sin embargo, son los bares los que generan más quejas. A la charla acudieron Esteban Gaja, profesor de física aplicada de la Escuela de Ingeniería Industrial; Ana Mª García, doctora; Antoni Pla, de la Federación de Asociaciones de Vecinos de Valencia; Alfonso Novo, edil del Ayuntamiento de Valencia, todos ellos moderados por Pilar de Bustos. La voz de los jóvenes se pudo escuchar a través de una performance titulada Soroll contra soroll, en la que un grupo de jóvenes, dirigidos por Paula Errando, defendieron su derecho al ocio diciendo que «su silencio es su perdición». La necesidad de ofrecer alternativas de ocio distintas a la música y el alcohol, que permitan a la juventud desarrollar actividades culturales y deportivas en horario de noche, fue una de las soluciones más aplaudidas y que en Elx y en algunos municipios del norte se aplica con éxito. Los participantes coincidieron en reclamar más conciencia cívica contra el ruido mostrándose conscientes de que «es una responsabilidad de todos» -por ejemplo, la concentración de gente a las puertas de los locales- y no un problema exclusivo de las generaciones más mayores. En general, nadie se mostraba partidario de una mayor persecución policial, pero en lo que coincidían completamente era en reclamar a la Administración que cumpla la ley contra la contaminación acústica. La mayoría de participantes se mostraron de acuerdo en que no se sigue un control estricto de la legislación. El concejal de Disciplina Urbanística, Alfonso Novo, aseguró en su defensa que el Ayuntamiento de Valencia hace todo lo que está en su mano por controlar el problema, pero que «no dispone de medios suficientes. Necesitaríamos más funcionarios y no es posible». Al mismo tiempo, justificaba que «uno de los grandes bloqueos a la hora de intervenir desde el punto de vista administrativo es la acción de la justicia. Muchas actuaciones se ven paralizadas porque se recurre a la vía judicial», afirmaba, no sin recibir fuertes críticas. Novo se decantó por promover campañas de concienciación y también que los empresarios denuncien a sus compañeros ilegales. «Las sanciones, lamentablemente, tienen sus plazos y desde el ayuntamientos no se da una licencia sin inspección previa», aseguraba. Descanso «versus» ocio, un dilema de difícil salidaM. T. .Valencia El debate sobre el ruido fue denso en cuanto a participación de la gente. La modalidad de invitados de primera fila instaurada por el Fòrum da la voz a representantes vecinales y de asociaciones implicadas en el tema a debate. En el caso del ruido, la participación fue numerosa. Más de veinte personas intervinieron dando voz a sus reclamas particulares. Entre las propuestas interesantes se apuntaba, por ejemplo, la necesidad de fijar mayor rigor en la hora de cierre de los establecimientos, así como en su insonorización. Los jóvenes reclamaron, por su parte, el derecho al ocio y la necesidad de buscar alternativas en cuyo diseño quieren participar, mientras que hay vecinos que defienden el derecho a la vida como fundamental y el derecho al ocio como algo sobrevenido. También vecinos del barrio del Carmen se quejaban de la incompatibilidad entre zona de ocio y lugar de vida, y Agró, por ejemplo, reclamaba modelos de ciudad que no potenciaran el tráfico.
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