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Murcia, 2/5/2000

Vecinos del Camino de Enmedio protestan por los ruidos de una empresa de transportes próxima a sus viviendas

Los dueños aseguran que «cumplimos las normas y nuestros horarios no perjudican a nadie»

A. B. • MURCIA

La convivencia entre los vecinos del Camino de Enmedio y los propietarios de una empresa de transportes cercana a sus casas se complica por momentos. Por un lado, los vecinos denuncian que el ruido de los camiones les impide descansar en lo que consideran una zona residencial. Por otro, los dueños de la empresa aseguran que ya han recibido varias inspecciones y que no se ha encontrado ninguna irregularidad en su labor. María del Carmen Ballester, vecina del Camino de Enmedio, conoce cada uno de los camiones de la empresa de transportes que hay junto a su casa como si fueran suyos. Desde hace más de cinco años contempla por todas las ventanas del edificio el trasiego de la carga y descarga y las complicadas maniobras que los conductores realizan para acceder al almacén. A menos de dos metros tiene el jardín y la piscina. Al principio, se entretenía y bromeaba con sus vecinos acerca del escándalo de motores hasta bien entrada la tarde. «Ahora –continúa Ballester– a situación es insostenible porque la empresa ha crecido. Cuando llega un camión retumba toda la casa y de lunes a domingo no paran de entrar y salir durante todo el día. En verano, se hacen las doce de la noche y aún no han dado de mano». Lo que ha producido decenas de llamadas a la policía y la presentación en el Ayuntamiento de Murcia de un escrito de protesta firmado por una treintena de vecinos que exigen el traslado de la empresa de transportes a un polígono industrial.

«Lo más grave –añade Ballester– es que ni siquiera está permitida la circulación de camiones de gran tonelaje por estos caminos estrechos cuyo asfalto ha sido parcheado por esa razón varias veces. Mi familia paga los impuestos como si viviéramos en una zona residencial y, en realidad, esto parece un polígono industrial». Por su parte, Andrés Guerrero, propietario de la empresa, niega todas estas acusaciones y advierte de que «los perjudicados somos nosotros. Durante 15 días nos mandaron sin razón a los municipales cada mañana y luego, a los ecologistas que midieron la contaminación. Sin embargo, ni unos ni otros consideraron que incumplimos las normas. Así, además de ganarnos honradamente la vida tenemos que soportar estos ataques que carecen de todo argumento».

Por si fuera poco, otros vecinos consideran que la verdadera molestia son varios perros guardianes que vigilan alguna de las casas de la zona. «Toda la noche ladrando –añade una vecina– sin que nuestras quejas a sus propietarios sirvan para nada».

La empresa de transportes, que lleva instalada más de diez años en la zona, da de comer en la actualidad a diez familias aunque, según la opinión de algunos vecinos, perjudica a otras tantas.

«Aquí ya no podemos vivir –se lamenta Ballester– y me ha costado una depresión el eterno pitido de las máquinas que descargan y cargan los camiones. Ni siquiera los cristales blindados de las ventanas consiguen mitigar el estruendo de motores».

Para ello, la empresa, intentando llegar a un acuerdo, colocó una larga valla metálica que separa su propiedad de la casa de esta vecina. «Una valla que no amortigua en absoluto los ruidos ni las pitadas de los camiones que llegan a las siete de la mañana para descargar y tienen que esperar hasta las ocho cuando les abren la puerta», concluye Ballester. Opinión que desmiente Andrés Guerrero quien afirma que «nuestros horarios no perjudican a nadie y que, en más de una ocasión, nos han dejado coches aparcados en el vado para fastidiar nuestro trabajo».

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