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Granada, 30/03/2000

Lo que cuesta el 'botellón'

Los jóvenes gastan unos 10 millones de pesetas todos los fines de semana
La masiva afluencia de jóvenes a las zonas de 'botellón' tiene como una de sus bases fundamentales la escasez económica que poseen y el elevado precio de las copas en los bares. A pesar de ello el volumen de dinero que mueve este fenómeno juvenil es realmente considerable.

A retirada de casi 3.000 kilos de residuos por parte de Inagra cada una de las mañanas de botellón supone que han tenido que consumirse el contenido de miles de botellas de plástico y vídrio, miles de litros de refrescos y de bebidas alcohólicas. Todo eso tiene un precio y no es barato. Los jóvenes que acuden al botellón las noches del viernes y el sábado, -al margen de la pasada Fiesta de la Primavera que puede considerarse como un hecho aislado y extraordinario-, gastan en bebidas alrededor de tres millones de pesetas cada una de las noches del viernes y el sábado. La noche de los jueves, a la que ya se ha ampliado la movida, aunque aún de forma tímida, el gasto parece oscilar entre 2 y 2,5 millones de pesetas.

Este dinero sale, generalmente, de las asignaciones mensuales y semanales que los padres dan a sus hijos. Acaba en las cajas de las grandes superficies, supermercados pequeños, tiendas de chuches, bares del entorno del botellón y también en el de vendedores callejeros ilegales que acuden a las zonas de concentración en furgonetas cargadas de bolsas con bebidas, sin ningún control y a precios por los que sólo se puede vender alcohol de garrafa.

Los grupos de chicos más jóvenes, hasta 18 años, suelen conseguir entre ellos cantidades de hasta 3.000 pesetas, a razón de 300 a 500 pesetas cada uno. Con ese dinero pueden acceder a dos bolsas que contienen cuatro litros de refresco, una botella de martini y una bolsa de hielo, o también a dos botellones ya preparados de cuatro litros refresco ya mezclado con martini o vermouth y algo de ginebra o vodka.

Los grupos de más edad o con un poder adquisitivo mayor tienen sus preferencias en el alcohol más duro, el whisky y la ginebra. La bolsa de botellón, en este caso sube de precio hasta alcanzar cantidades entre 1.600 y 1.800 pesetas con cuatro litros de refresco, una botella de whisky y su correspondiente bolsa de hielo. Un grupo de cuatro o cinco personas suele adquirir dos bolsas, como mínimo, para una noche de movida. También están los grupos que se conforman con la tradicional litrona. El gasto es mucho menor por bolsa, pero consumen más cantidad de litros.

Los motivos
El fenómeno del botellón tiene sus causas. Hasta hace unos años la movida en Granada se producía en las proximidades de bares y pubs, los jóvenes ocupaban las calles, pero generalmente era por la aglomeración de gente en el interior y las bebidas procedían de los bares. Durante el tiempo de verano la gente solía ocupar las calles, aunque en ese caso el interior de los bares se quedaba vacío. Más tarde, por el encarecimiento de los precios de las copas en los bares de movida, entre 300 y 500 pesetas un combinado, los más jóvenes dejaron de acudir a estos lugares, su economía no se lo permitía. las pandillas buscaron lugares de concentración y grandes superficies donde comprar sus bebidas para, más tarde, consumirlas en la calle. Al precio de las copas, un estudiante de instituto o primeros cursos de universidad sólo accedía a una copa o dos. Con el botellón, el nivel de copas aumenta considerablemente y también la libertad de acción, ya que no se encuentran con las imposiciones de orden y control del interior de los bares.

Lo que no se entiende es la barbarie de la basura, la música a todo trapo desde los coches y el escándalo. La cultura del aire libre se ha visto beneficiada también por la facilidad a la hora de adquirir las bebidas de botellón. Las tiendas de frutos secos almacenan cientos de litros ya mezclados para el fin de semana en sus pequeños espacios. Algunos bares de los alrededores viven gracias a ese tipo de bebidas y de vender las bolsas con su contenido preparado, e incluso han proliferado vendedores ilegales que acuden a esas zonas en furgonetas con litros y litros de alcohol de dudosa procedencia.

A este nivel de gasto hay que añadir la venta y consumo de drogas. Al margen del consabido porro, se ha detectado que en algunos grupos de la movida sobre todo a altas horas de la noche, se incrementa el consumo de drogas de síntesis, las conocidas pastillas, denominadas rulas por sus consumidores habituales. Algunos jóvenes tienen que añadir a su gasto en botellón el importe de las pastillas. Las más habituales y con mayor aceptación son las denominadas flecha amarilla. Su precio oscila entre 1.000 y 1.500 pesetas por pastilla.

La presencia de drogas más duras como el éxtasis, denominado cápsulas es más escasa, ya que se les tiene miedo y además su precio es mucho más caro, oscila entre 5.000 y 10.000 pesetas.

El consumo de estas pastillas, que se hace mucho más patente en ambientes techno y en sus fiestas de baile más allá de las tres de la madrugada, se está incrementado en el botellón, con el problema añadido de que se consumen después de haber ingerido cantidades importantes de alcohol.

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