Granada, 26/3/2000 Puerta RealLa basura incómodaJOSE CARLOS ROSALESLA política municipal tiene muchas más posibilidades para recuperar el sentido olvidado de los asuntos públicos que la alta política europea de las reuniones internacionales, de los acuerdos tibios para acabar con el desempleo o bajar un poco -sólo un poco- los precios. Pero la política municipal está llena de trampas donde tropiezan cada día los alcaldes más animosos, la oposición más desmemoriada. Y una de esas trampas se esconde en lo que se llama la movida: una trampa cargada de demagogia, retraso y negligencia.Hace ya cerca de diez años que la movida cabalga por las plazas de nuestra ciudad a lomos de la dejadez pública, del espíritu de lucro de negociantes sin principios y de una especie de ridícula tolerancia que considera inoportuno indicarle a la gente joven que los jardines no se tendrían que pisotear, o que la basura no se deja en medio de la calle, o que el deseo de silencio nocturno es algo respetable y honrado. Era un asunto sencillo que se ha vuelto, sin que nadie se proponga evitarlo, complicado y difícil. Y si no fuera por las protestas legítimas de los vecinos que no pueden dormir, un asunto tan turbio como el de la movida no habría saltado a las primeras páginas de los periódicos. Todos los sábados y domingos, tras una noche interminable de ruidos y alborotos, algunas zonas de Granada amanecen convertidas en un estercolero. Lo hemos podido ver esta semana gracias a la obstinación de unos vecinos que han frenado las labores municipales de limpieza y han logrado un puñado de fotos que no necesitan comentarios. Sin esas fotos los vecinos estarían indefensos. Sin esas fotos el alcalde y sus colaboradores estarían más tranquilos. Por eso los vecinos se empeñan en hacer visible una basura de la que no son responsables. Por eso el Ayuntamiento persigue que esa basura tan incómoda desaparezca antes de que se acerquen los fotógrafos. Pero lo más lastimoso es el hecho de que algún concejal pretenda desmovilizar a los vecinos con la amenaza de los Tribunales de Justicia, sobre todo si recordamos cómo los partidos de izquierdas siempre han respetado y alentado los movimientos vecinales. Parece que el gobierno municipal no tiene en este asunto las ideas muy claras. Primero pensó que los conciertos en la calle serían una solución -absurda solución-, sin darse cuenta de que esos conciertos aumentarían el ruido y el desorden callejero y que toda esa muchedumbre sin norte de la movida encontraría en los conciertos una nueva razón para deambular por las calles de la ciudad durante la larga noche de los sábados. Luego ha recuperado la idea un poco peregrina de transformar el campus universitario de Fuentenueva en una zona de ocio nocturno. El gobierno municipal da palos de ciego y deja escapar otra oportunidad para devolverle a la política su sentido originario: organizar la convivencia pacífica, garantizar la paz y las libertades públicas, repartir las tareas y la riqueza. Haría falta una larga reflexión acerca de lo que se esconde bajo ese disparate urbano que llamamos la movida. Haría falta un compromiso más sincero de todos los concejales -los del gobierno y los de la oposición- en garantizar el silencio nocturno, el respeto a los jardines y el cumplimiento de las ordenanzas municipales sobre alborotos y basuras. Además, alguien tendría que reparar en otras anomalías: nadie controla con eficacia que el funcionamiento de los bares se acoja a los horarios y reglamentos establecidos, no se persigue el consumo de alcohol en la vía pública y dejar la basura abandonada en las aceras no provoca actuación policial de ninguna clase. A todo eso habría que añadirle la pasividad con que las autoridades académicas -de Bachillerato y de la Universidad- contemplan que el nombre de los centros escolares y universitarios se use constantemente como reclamo para fiestas interminables y continuas donde el único aliciente es una música mecánica y el abuso de la bebida. Los vecinos quieren dormir tranquilamente los siete días de la semana y el Ayuntamiento tendría que poner los medios. Pero sin tirarse los trastos a la cabeza, sin pasarse la pelota de un lado para otro, sin descalificar a unos vecinos que sólo quieren descansar en paz. JOSE CARLOS ROSALES
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