Tenerife, 19/03/2000 MEDIO AMBIENTE La contaminación acústica no está regulada y sólo hay directrices dispersasRecomendaciones y notas internas marcan la pauta del control de ruidos en CanariasAnte la ausencia de normativa que establezca los mínimos y máximos de los niveles sonoros permitidos, las Administraciones Canarias con responsabilidad en el control de la contaminación acústica se guían por recomendaciones sectoriales y escritos internos.El Cabildo de Tenerife es el organismo encargado de dictar las medidas correctoras que deben adoptar las empresas que desarrollan actividades clasificadas nocivas, insalubres y molestas, desde que asumiera las competencias del Gobierno de Canarias. Desde entonces, utiliza, ante la falta de normativa en la Comunidad Autónoma y a nivel nacional, criterios establecidos en un escrito interno que empleaba el Ejecutivo Canario. Son valores muy exigentes (55 decibelios de día y 45 decibelios de noche, como máximos), informaron técnicos del área de Desarrollo Económico de la Corporación Insular, quienes aseguraron que la única normativa específica se encuentra recogida en las ordenanzas municipales, pero, indicaron, no todos los ayuntamientos disponen de éstas. Otro documento guía es un anejo de las Normas Básicas de la Edificación (NBE) sobre condiciones acústicas, donde se recogen los valores recomendables que no se deben sobrepasar en la construcción. El ruido provocado por el sector industrial es mucho más fácil de controlar que el que origina, por ejemplo, la circulación masiva de vehículos en una gran urbe; origen del 80 por ciento del nivel medio de ruidos. Tras la clasificación de la actividad por parte de la corporación local, se establecen las medidas correctoras, que van desde el aislamiento acústico a la construcción de doble vestíbulo o bancadas para la maquinaria. En el caso de las discotecas y lugares públicos, la única solución pasa por los limitadores acústicos en los equipos. Las ordenanzas municipales que regulan en Santa Cruz de Tenerife los niveles máximos de ruidos aceptables datan de 1995, aunque los parámetros establecidos son superados en más de una ocasión, cuando al alto número de vehículos se suman diversas obras en puntos muy cerca unos de otros. Cabe destacar que las motocicletas sin silenciador generan 115 decibelios y el ruido de un taladrador alcanza los 120 decibelios, cifras muy próximas a los 140 decibelios, donde se rebasa el umbral del dolor. El Ayuntamiento de Santa Cruz, ante los posibles efectos para la salud del ruido incontrolado, está elaborando una nueva ordenanza al respecto, a la vez que prevé firmar un convenio con la Fundación Empresa Universidad, dependiente de la Universidad de La Laguna, para la elaboración de un mapa de la contaminación acústica de la Capital, según adelantó el concejal de Medio Ambiente, Basilio Franco. El edil especificó que se trata de incorporar un estudio de niveles acústicos a la planificación urbanística de la ciudad, para prevenir los posibles puntos negros.
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