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Santiago, 14/03/2000

Las noches de 'movida' se trasladan de bares y pisos al campus y la Alameda

Consumidores y distribuidoras niegan la existencia de garrafón
Los distribuidores de bebidas alcohólicas a los bares compostelanos coinciden con los resultados del análisis efectuado por los responsables del Ayuntamiento: en los establecimientos de la capital gallega no se sirven copas de garrafón. Esta práctica, que va directamente contra las compañías que distribuyen las marcas más conocidas, no se da "al menos en el noventa y nueve por cien de los establecimientos'', según indicaba a este periódico el representante de bebidas como Bacardí, JB y Ballantines, entre otras.

Esta práctica la relacionan los responsables de las distribuidoras, con "otros tiempos'' en los que el alcohol resultaba más caro respecto al nivel de vida. Entonces a los bares "les compensaba'' rellenar las botellas con alcohol de peor calidad. Ahora, los distribuidores consideran que la venta 'legal' de bebidas "tiene unos márgenes muy buenos de beneficio'' por lo que no compensa acudir al garrafón.

Más o menos la misma opinión sostiene el presidente de la Unión de Consumidores Gallegos, Juan Carlos Ulla. Además de asegurar que en el colectivo no tienen ninguna denuncia por copas de garrafón, ya que por otra parte, sería muy difícil de demostrar, considera que el auténtico problema está en las imitaciones de marcas. Se trata de botellas legales que imitan a marcas asentadas incluso en los detalles de la etiqueta, hasta tal punto que son prácticamente imposibles de diferenciar.

El recurso a este tipo de marcas no supone ningún tipo de fraude salvo cuando se sirven y se cobran como si se tratara de las auténticas, pero no cuando el cliente no especifica. En estos casos "son las propias casas las que se dedican a ir contra la falsificación de sus marcas'' ya que son ellos los perjudicados.

Por otra parte, Juan Carlos Ulla considera que "no existe ya industria del garrafón'', como podía haber hace algunos años, con "hasta cuatro destilerías en Santiago donde se hacían estos licores''.

Las noches de los jueves tienen en Compostela un nuevo escenario. Cientos de jóvenes se reúnen en diversos puntos del Campus Sur de la Universidad y el parque de la Alameda para celebrar sus fiestas y 'botellones', evitando así molestias a los vecinos y la aglomeración de los bares. El buen tiempo favorece que cada vez un mayor número de jóvenes opten por este tipo de fiestas que, además, les salen más baratas que las copas en los bares.
Frente a las denuncias de los vecinos por los botellones celebrados en los pisos y la aglomeración de los bares en las noches de movida, los estudiantes se están decantando por otro tipo de fiestas, al aire libre, para los jueves y los viernes.

La ventaja de zonas como el Campus y la Alameda, frente a puntos en los que años atrás se hacían este tipo de reuniones, como podía ser el Parque de Ramírez, es la ausencia de viviendas, lo que evita las molestias de ruido para los vecinos. No es el mismo caso el que se da en noches lluviosas, ya que las fiestas se trasladan a zonas cubiertas en las inmediaciones, como los soportales de la rúa Rosalía de Castro, con las consiguientes protestas de los vecinos.

Algunos de los jóvenes participantes en este tipo de botellones señalan que acuden a ellos para evitar que les sirvan alcohol de garrafón en los bares. Esta teoría contrasta, sin embargo, con los análisis realizados por los técnicos del Ayuntamiento de Santiago, que aseguran que no se sirven bebidas de este tipo en los locales santiagueses.

En cualquier caso, para los jóvenes resulta más barato celebrar este tipo de reuniones al aire libre, aprovechando el buen tiempo de las últimas semanas, que salir de copas por los locales compostelanos. La moda está ya bastante extendida en otras ciudades españolas, donde hace ya varios años, las fiestas de fin de semana se celebran en plazas y parques.

La desventaja de este tipo de reuniones juveniles en zonas abiertas se centra en los residuos —principalmente botellas y vasos de plástico— que, en muchos casos, quedan en la calle, ofreciendo la imagen lamentable de un campo de batalla.

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