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Madrid, 2/3/2000
El ruido ambiental aumenta hasta el 30% el riesgo de sufrir un infarto
Barcelona acoge un grupo de estudio sobre contaminación acústica
Francesc Arroyo
Un estudio de la Unión Europea sobre las consecuencias del ruido en la
salud arroja un resultado concluyente: las enfermedades
cardiovasculares asociadas al infarto aumentan un 20% en quienes
soportan sonidos por encima de los 65 decibelios. El incremento del
riesgo llega al 30% en los casos de personas en cuyas viviendas la
sala principal y el dormitorio dan a una calle con alta densidad de
ruido.
Barcelona acoge esta semana a un grupo de trabajo de
la Unión Europea formado por expertos en contaminación acústica. Su
presidente, Dieter Gottlob, miembro también de la Agencia Alemana
de Medio Ambiente, explicó los riesgos del ruido para la salud. Los
datos han sido elaborados por un comité de la UE que ha analizado en
5.000 casos la relación entre el ruido soportado y el riesgo de
enfermedades cardiovasculares asociadas al infarto.
La
población afectada por ruido superior a 65 decibelios registró un
20% más de ataques al corazón y un 10% más de enfermedades asociadas
(espesor en la sangre, tensión, etcétera). Pero el punto de mayor
riesgo se producía cuando la población ocupaba una vivienda en la
que la sala principal y el dormitorio daban a zonas de alta
contaminación acústica. El aumento del riesgo se elevaba en ese caso
hasta el 30%, explicó Gottlob.
Dieter Gottlob, que dio una charla en el Cidob de Barcelona presentado por la teniente de
alcalde del Ayuntamiento Imma Mayol, dijo que se debe concienciar a
la población para que presione a las autoridades que, en muchos
casos, son las responsables de las políticas contra el ruido. "Las
administraciones locales no están muy contentas con la política de
información a los ciudadanos. Muchas veces nos dicen que, ya que no
van a poder resolver el problema, es mejor que la población no lo
conozca", dijo Gottlob.
El presidente del grupo de trabajo
afirmó también que hay una relación directa entre las personas
sometidas al ruido y el nivel de irritación que muestran. El ruido
de los aviones provoca mayor incomodidad que el de las carreteras, y
el de éstas más que el de los trenes. No obstante, dijo Gottlob, la
comisión ha comprobado que los fabricantes de aviones rechazan
colaborar en la reducción del ruido, ni siquiera facilitan
información, y los de trenes no han hecho apenas nada en los últimos
20 años. "Han reducido el ruido interior, pero no el exterior",
aseguró.
A continuación, Dieter Gottlob pasó a enumerar los
principales campos de actuación y las autoridades responsables en
cada uno de ellos.
El ruido de los vehículos es de
competencia esencialmente gubernamental, aunque los municipios
pueden colaborar en su reducción. Es el caso de Heidelberg, dijo,
donde se ha prohibido la circulación de camiones ruidosos en una
zona de la ciudad. El ruido de los neumáticos es competencia de
Bruselas, pero relacionado con la velocidad, el asfalto y el
transporte público, es responsabilidad del municipio.
Mayol se comprometió a reclamar ayudas de la UE para aplicar políticas de reducción del ruido en Barcelona.
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