Tribuna Abierta Granada, 10/1/2000 Varias movidasHACE mucho tiempo que el fenómeno de la movida y el botellón dejaron de ser una anécdota pintoresca sobre los hábitos de ocio nocturno de los jóvenes para convertirse en un problema político de primer orden. Si preguntamos a cualquier ciudadano qué entiende por movida, nos describirá seguramente la imagen de un grupo de jóvenes bebiendo en Gran Capitán, Plaza Nueva o detrás de Hipercor. El botellón y los problemas de suciedad y ruido que genera es la identificación pública del problema. Los vecinos ven la movida como un problema sobrevenido al que quieren una solución y los responsables públicos como una roncha que pica más cuanto más se rasca. Y ante un problema una solución, pero ¿cuál? El planteamiento que se ha hecho es el de un conflicto de intereses entre el derecho de los vecinos al descanso y el de los jóvenes a divertirse. Habrá que descartar, de entrada, soluciones de tipo represivo (vallas, cartas a sus padres o exceso de policía). Los jóvenes son ciudadanos de primera y tienen derecho al uso de la calle. Entonces, traslademos el problema. La segunda propuesta es buscar un lugar donde los jóvenes simplemente no molesten. Pero esto tampoco es sencillo: ¿dónde metemos un grupo de cientos de personas que generan ruido y suciedad? Y lo más complicado, ¿cómo conseguimos que vayan allí? Estamos buscando solución a un problema artificial, porque la movida no es un hecho único y diferenciado, sino el resultado de mezclar consecuencias de muchos problemas diferentes. Si no somos capaces de identificar los diferentes aspectos que constituyen el fenómeno de la movida, difícilmente podremos plantear las soluciones que correspondan, porque estaremos entrando en un debate infructuoso: el de buscar una única solución a un problema que no es único. Los problemas que derivan del fenómeno de la movida se pueden clasificar, al menos, en cuatro grupos. Podríamos hablar en primer lugar de una cuestión de paz social. El panorama de botellas y desperdicios esparcidos por el suelo y los ruidos hasta altas horas de la madrugada han acabado con la paciencia de los vecinos de los zonas afectadas. En segundo lugar, podríamos hablar de un problema de orden público. Esta gran concentración de personas conlleva necesidades de abastecimiento, seguridad y limpieza. Además, atrae la atención de gente que pretende sacar partido, sea vendiendo alcohol de forma clandestina o traficando con drogas. Es evidente que la tendencia temprana al abuso del alcohol está generando también un grave problema de salud pública. España ha sido siempre un país de gran consumo de alcohol, pero las costumbres han cambiado mucho: estamos pasando del consumo continuo pero moderado de bebidas con baja graduación alcohólica al consumo masivo de alcoholes de alta graduación. Por último, y muy relacionado con el anterior, existe también un importante problema de seguridad en el tráfico. Los jóvenes se desplazan (y sobre todo regresan) utilizando sus propios medios de transporte. Los efectos que produce la mezcla de alcohol y carretera son dramáticos y conocidos. La movida no es un problema individual y, por tanto, en vez de buscar la panacea habrá que ir solucionando la diversidad de problemas concretos que configuran este fenómeno. Los vecinos tienen que implicarse en el problema aportando alternativas y soluciones. Una actitud exclusivamente agresiva con la Administración pública no avanza hacia la solución de su parte del problema y sólo produce crispación. La suciedad y el ruido no es, ni mucho menos, la consecuencia más grave de la movida y sería irresponsable por parte de las instituciones dedicar todo su esfuerzo a este tema. Las concentraciones producen problemas. Si trasladamos a la gente sólo trasladamos el problema. Los vecinos descansarán por fin, que también se lo merecen, y los responsables políticos quedarán mucho más tranquilos. La movida desaparecerá de los medios de comunicación, será un problema informativamente resuelto. Pero, ¿qué pasa con el tráfico de drogas, los accidentes o el alcoholismo emergente? La solución al problema de orden público que supone la movida está en la dispersión y en la diversidad. Y es aquí donde tienen cabida las políticas sobre alternativas de ocio nocturno. Tenemos un modelo de referencia muy claro: «Abierto hasta el amanecer», el programa que desde hace años realiza el Ayuntamiento de Gijón y que consiste básicamente en ofrecer una gran diversidad de actividades culturales y deportivas en la franja horaria de ocio nocturno. Allí funciona, pero está por ver que el esquema sea trasladable sin más al caso de Granada. Tenemos un precedente en Cádiz, donde Teófila Martínez ha fracasado estrepitosamente intentando aplicar la fórmula tal cual. Al margen del alto coste económico que supone, será necesario estudiar los características propias de la noche granadina y acometer los cambios oportunos. En cualquier caso es necesario ofrecer a los jóvenes alternativas de ocio que diversifiquen tanto la actividad como el lugar físico donde se desenvuelven. La prevención del abuso del alcohol, al igual que otras drogas, sólo se soluciona con una educación preventiva. Sólo trabajando desde la escuela elemental durante años puede producirse un cambio de rumbo que tenga una incidencia general. Pero al alcohol hay que plantarle cara sin demagogia y sin puritanismo. Para muchas personas (no sólo jóvenes) es un elemento voluntariamente elegido que forma parte de su esquema de ocio. Hace ya tiempo que las campañas del Comisionado para la Droga de la Junta de Andalucía inciden más en el uso responsable y en la prevención de las consecuencias de las drogas que en la inútil tarea de disuadir de su uso. Me parece que es una buena línea en la que se podría abundar adaptándola a nuestro caso. Si la gente bebe, algo inevitable, que al menos se responsabilice de su opción y que conozca sus consecuencias. Por parte de las instituciones será necesario controlar la venta ilegal de alcohol y las condiciones sanitarias en que se distribuye. Potenciar el uso de transportes públicos puede suponer un gran avance para el problema de seguridad en el tráfico, pero es necesario que se creen las condiciones necesarias. El funcionamiento de líneas de autobús nocturno durante los fines de semana es ya una reivindicación general. Serían líneas que conecten los zonas de ocio con los barrios periféricos y con los municipios del Area Metropolitana que tengan más demanda. También puede trabajarse en la generación de un bono-taxi. Por un precio único (y subvencionado), la población joven podría hacer uso de este medio, en las noches de fin de semana, en un área geográfica delimitada que incluya Granada y municipios del cinturón. Se trata de que los jóvenes puedan desplazarse sin necesidad de usar el coche o la moto. No nos equivoquemos. La movida es un problema de todos, pero los jóvenes también son víctimas de sus consecuencias. La pelota no está sólo en el tejado de los responsables institucionales, sino también de los padres, los empresarios y los educadores. En definitiva, será necesaria una gran dosis de imaginación para acertar con los soluciones. Mientras tanto, usemos la tolerancia como forma de buscarlas. pablo jose hervas clivilles
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